Apolo y Dafne.

Portada Apolo.jpg

¿Quieres saber por qué los héroes ciñen alrededor de su cabeza una corona de laurel? En este mito encontrarás la respuesta. La bella ninfa Dafne, el joven cazador Apolo y el irascible Eros son sus protagonistas.
Reparto:
Narrador: Javier Merchante.
Apolo: Ismael Rodán.
Eros: Paco Trujillo.
Dafne: Julia González-Moya.
Músicas:
Arnaud Condé, Junglebunny y Kysz (Jamendo).
Ilustraciones: Alumnos de 3ºB del CEIP Josefa Navarro Zamora (2011/12)



Sólo el audio:


Apolo y Dafne by jmerchante

Apolo y Dafne.

Hace mucho tiempo, cuando los dioses disputaban entre sí y las ninfas habitaban las frescas arboledas, ocurrió esta hermosa historia.
Apolo, dios del sol y de las artes, era un excelente arquero, capaz de abatir cualquier bestia salvaje con una sola flecha. Cegado por la vanidad, el dios comenzó a comportarse de forma arrogante y a burlarse de Eros.
Eros era el dios del amor. Bajo se inocente apariencia de niño, se oculta el enorme poder de manejar caprichosamente los sentimientos de los demás. Él también llevaba un arco y unas flechas, con los que rendía los corazones al fuego del amor.
Un día, las burlas de Apolo llegaron demasiado lejos:
Apolo: ¡Deja esas flechas, Eros!
Eros: ¿Y por qué he de dejarlas?
Apolo:Resulta ridículo que un niño como tú las lleve. Las flechas son armas de valiente...
Eros: Todos sabemos que tus flechas son temibles, Apolo. Pero te aseguro que nadie puede resistirse a las mías. Ni siquiera tú... !Te lo demostraré!
Tras proferir aquella inquietante amenaza, Eros se marchó de allí.Y desde ese mismo instante, esperó pacientemente el momento de ejecutar su venganza.
Una mañana, siguiendo su costumbre, Apolo salió a pasear por el bosque. No podía sospechar que Eros lo esperaba oculto entre los matorrales.Cuando el niño tuvo a Apolo a su alcance, le disparó una flecha. Era una flecha de madera de ciprés, con la punta de oro: la flecha del amor. Satisfecho, Eros se dirigió velozmente a un arroyo cercano. Allí se encontraba Dafne, la hermosa ninfa hija del río Peneo. El pequeño dios le disparó a la ninfa una flecha con la punta de bronce. Quienes resultaban heridos por ella rechazaban a los que se atrevían a amarlos. Así comenzó una historia de amor imposible.
Un día, Dafne recogía flores silvestres cuando Apolo , de repente, la vio. Él sintió que su
corazón se agitaba e intentó acercarse a la ninfa para hablar con ella. Ella, al advertir su presencia, se escondió entre los árboles.
Desde ese momento, una y otra vez, Apolo recorrió incansable el lugar donde había visto a Dafne. Ya no podía disfrutar con el frescor de las mañanas o los hermosos colores del atardecer , sólo quería encontrar a la ninfa y declararle su amor. Muchas veces Apolo conseguía verla , pero ella siempre lo rehuía:
Apolo: ¡Detente! Por favor, no corras , no quiero hacerte daño …
Pero Dafne escapaba y Apolo sufría imaginando que ella pudiera tropezar y lastimarse en su huída.
Una mañana, mientras Dafne descansaba junto a un árbol, Apolo intentó acercarse sigilosamente. En cuanto ella se dio cuenta, echó a correr como otras veces. Apolo la persiguió entre los árboles, junto al claro del camino, por la orilla del río... Dafne estaba agotada.
Y,afligida por aquella situación que la obligada a huir sin tregua, suplicó a Peneo:
Dafne: Ayúdame, padre! Tú tienes poderes divinos. Quítame esta apariencia que me atormenta. Te lo ruego: concédeme otro cuerpo en el que vivir sin turbación.
Dafne no había acabado de hablar cuando notó que sus pies se hacían pesados. Luego, se sintió atada a la Tierra: le habían brotado raíces. Su piel se cubrió de una tierna corteza, los brazos se convirtieron en ramas y el pelo se llenó de hojas alargadas de color verde oscuro...La ninfa se había convertido en un hermoso árbol, un esbelto laurel de frondosa copa. Cuando Apolo llegó, aún pudo advertir en aquel árbol el alma de su amada y comprendió lo ocurrido. Llorando, abrazó el tronco del laurel y dijo:
Apolo: Dafne, querida mía …, no te olvidaré nunca. Siempre te llevaré conmigo.
Y tomando unas hojas del árbol, tejió una corona que se colocó sobre la cabeza. Desde entonces, la corona de laurel ha acompañado las glorias de los héroes.