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A partir de 6 años.

The Giving Tree -El árbol que da o El árbol generoso-, fue publicado por primera vez en 1964. Shel Silverstein, autor e ilustrador de este pequeño cuento infantil, dejó la historia tan abierta para el debate y la interpretación que se hizo mundialmente famoso y fue traducido a más de treinta idiomas.
Egoísmo, generosidad, entrega, irresponsabilidad, educación equivocada, relación desequilibrada entre el hombre y la naturaleza...; todos esos temas están y puede ponerse el acento en el que uno quiera según la visión que el lector extraiga del relato.
Una buena historia para debatir en clase.

Reparto:
Narradores: Sara Baena Raso.
Javier Japón Gordillo.
Paula de la Cruz Morales.
Niño: Samuel Sosa Leflet.
Árbol: Javier Merchante.
Música: Adrián Berenguer (Jamendo)
Ilustraciones: Alumnos del CEIP Josefa Navarro Zamora, Coria del Río, Sevilla.






El árbol generoso.
(Shel Silverstein. Adaptado)
Narradora 1: Había una vez un árbol... Que amaba a un pequeño niño. Y todos los días el niño venía y recogía sus hojas para hacerse con ellas una corona y jugar al rey del bosque.
Narrador 2: Subía por su tronco y se mecía en sus ramas y comía manzanas y ambos jugaban al escondite. Y cuando estaba cansado, dormía bajo su sombra y el niño amaba al árbol mucho y el árbol era feliz.
Narradora 3: Pero el tiempo pasó y el niño creció y el árbol se quedaba a menudo solo.
Narradora 1: Pero un día, el árbol vio venir a su niño y le dijo:
Árbol: Ven, Niño súbete a mi tronco y mécete en mis ramas y come mis manzanas y juega bajo mi sombra y sé feliz.
Niño: Ya soy muy grande para trepar y jugar. Yo quiero comprar cosas y divertirme, necesito dinero. ¿Podrías dármelo?
Árbol: Lo siento pero yo no tengo dinero. Sólo tengo hojas y manzanas. Coge mis manzanas y véndelas en la ciudad así tendrás dinero y serás feliz.
Narrador 2: Y, así, él se subió al árbol, recogió las manzanas y se las llevó y el árbol se sintió feliz.
Narradora 3: Pero pasó mucho tiempo y su niño no volvía y el árbol estaba triste.Y entonces, un día regresó y el árbol se agitó alegremente y le dijo: Árbol: Ven, Niño, súbete a mi tronco, mécete en mis ramas y sé feliz.
Niño: Estoy muy ocupado para trepar árboles. Necesito una casa que me sirva de abrigo. Quiero una esposa y unos niños, y por eso quiero una casa. ¿Puedes tú dármela?”
Árbol: Yo no tengo casa. El bosque es mi hogar, pero tú puedes cortar mis ramas y hacerte una casa. Entonces serás feliz.
Narradora 1: Y así él cortó sus ramas y se la llevó para construir su casa. Y el árbol se sintió feliz...
Narrador 2: Pero pasó mucho tiempo y su niño no volvía.
Narradora 3: Y cuando regresó el árbol estaba tan feliz que apenas pudo hablar.
Árbol: Ven, Niño. Ven y juega.
Niño: Estoy muy viejo y triste para jugar. Quiero un bote que me lleve lejos de aquí. ¿Puedes tú dármelo?
Árbol: Corta mi tronco y hazte un bote. Entonces podrás navegar lejos... y serás feliz.
Narradora 1: Y así él cortó el tronco y se hizo un bote y navegó lejos. Y el árbol se sintió feliz.
Narrador 2: Pero no realmente.
Narradora 3: Y después de mucho tiempo, su niño volvió nuevamente.
Árbol: Lo siento, Niño, pero ya no tengo nada para darte, ya no me quedan manzanas.
Niño: Mis dientes son muy débiles para comer manzanas.
Árbol: Ya no me quedan ramas, tú ya no puedes mecerte en ellas.
Niño: Estoy muy viejo para columpiarme en las ramas.
Árbol: Ya no tengo tronco, tú ya no puedes trepar.
Niño: Estoy muy cansado para trepar.
Árbol: Quisiera poder darte algo...pero ya no me queda nada. Soy solo un viejo tocón. Lo siento...
Niño: Yo no necesito mucho ahora, solo un lugar tranquilo para reposar, estoy muy cansado.
Árbol: Bien, un viejo tocón es bueno para sentarse y descansar. Ven, Niño, siéntate. Siéntate y descansa.
Narradora 1: Y él se sentó
Narrador 2: Y el árbol fue feliz.