El brillante y la rosa.

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Sobre la ilustración de Gianni de Conno


El “maguid” es el orador y predicador de sinagoga, que trata temas religiosos y morales. Figura importante de las poblaciones judías del este europeo a partir del siglo XVII, los “maguidim” tuvieron el mérito entre otros de educar y entretener al pueblo con sus interpretaciones de los textos sagrados, a menudo desplegando ingenio y talento en sus narraciones.
El “maguid” de Dubno, así llamado porque ejerció su labor en esa ciudad, alcanzó fama y su recuerdo perduró en el tiempo. El relato que hoy os traemos, El brillante y la rosa, recoge sus enseñanzas a través de una parábola sobre un diamante bello pero imperfecto.
Reparto:
Narradora: Maite Benítez.
Estudiante: Javier Merchante Ruiz-Mateos.
Maguid: Javier Merchante.
Músicas: Real Rice (Jamendo).
Ilustraciones: Alumnos CEIP Josefa Navarro Zamora (libres y sobre las realizadas por Gianni de Conno).

El brillante y la rosa from Javier Merchante on Vimeo.




El brillante y la rosa.

Narrador: El maguid de Dubno era famoso por sus parábolas. Cada vez que alguien le hacía una consulta o le pedía consejo, el maguid respondía narrando una historia.
Un día, un estudiante que paseaba con el maguid le confesó:
Estudiante: Tengo una forma de ser, maguid, que no me gusta nada, pues me encuentro decenas de defectos. Dime: ¿qué puedo hacer para convertirme en una persona mejor?
Maguid: Te contaré una parábola: Érase una vez un rey que poesía uno de los diamantes más bellos del mundo. Estaba muy orgulloso de aquella piedra, que era perfecta en cada uno de sus detalles, y no dudaba en enseñársela a todos los dignatarios que pasaban por su palacio.
Un día, el rey notó que en el interior del diamante había aparecido una grieta. Aunque la grieta era muy fina, estropeaba por completa el magnífico juego de brillos que despedía la piedra.”¡Que desastre!” , pensó el rey. “¡Ojalá haya algún modo de reparar el defecto!”.Al instante, el rey llamó a los mejores talladores de joyas de su reino y les preguntó:
“¿Qué podéis hacer para que el brillante recupere su perfección original?”
Los talladores permanecieron muy serios. De pronto, en medio del silencio general, un joven alzó la voz. Se llamaba Elías, y acabada de terminar su aprendizaje con uno de los mejores talladores del reino.
-Majestad –dijo Elías-,ya que no es posible restaurar el brillante, tal como admiten todos los maestros talladores aquí presentes, yo quisiera crear una joya nueva a partir de esa imperfección .
Como el rey no tenía otra salida,dio su consentimiento.
Elías trabajó duro, en secreto, durante varios días. Cuando terminó su tarea, acudió a palacio para mostrarle el resultado al rey. El monarca se moría de impaciencia por ver cómo había quedado su diamante. A decir verdad, no tenía grandes esperanzas. Suponía que Elías habría partido el brillante en dos, siguiendo la grieta, para convertirlo en dos piezas de menor tamaña.”Es una lastima”,pensó el rey, consciente de que dos brillantes pequeños no valen nada en comparación con uno grande. Sin embargo,¿qué otra cosa se podía esperar?
Cuando Elías sacó el diamante del paño que lo envolvía, el rey sonrió de satisfacción. El joven no había partido el diamante en dos. No, había tenido una idea mucho más ingeniosa. En lugar de considerar la grieta como una imperfección, la había aprovechado para embellecer el diamante. En aquella grieta, había visto el tallo de una rosa, así que había tallado en el brillante el resto de la flor: las raíces por debajo, las hojas a los lados y los pétalos por encima. De ese modo, había transformado lo imperfecto en hermoso. Con aquella rosa, el brillante resultaba la piedra más original y bella del reino, y tal vez del mundo. El rey, que siempre había valorado su diamante, lo apreció desde aquel día un poco más.
Narrador: Acabada la historia, el maguid de Dubno se volvió hacia el estudiante y le dijo:
Maguid: Igual que ese brillante , todos tenemos faltas. Pero depende de nosotros mismos convertirlas en algo atractivo, útil y valioso.
Narrador: Y tras decir tales palabras, el maguid se calló, y siguió caminando en silencio al lado del estudiante.