El burro y el lobo

Los burros tienen fama de ser animales poco inteligentes, pero el que vais a conocer a continuación desmiente la opinión generalmente compartida. Quizás suceda que lo importante no sea tanto tener mucha inteligencia sino saber utilizar la que se dispone, aunque resulte escasa.

Los alumnos de 3º del CEIP Josefa Navarro Zamora de Coria del Río de Sevilla realizaron las ilustraciones que acompañan a esta fábula de Esopo.

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El burro y el lobo.
(Adaptación de una fábula de Esopo)

Había una vez un burro que estaba pastando tranquilamente en un prado cerca de un pueblo y vio cómo un lobo se escondía entre los árboles. El pobre enseguida se dio cuenta del peligro que corría y empezó a idear un plan para escapar de allí.

-Puedo salir corriendo…Pero no, no es buena idea. El lobo es más rápido que yo… Tampoco puedo ponerme a rebuznar para que acuda la gente del pueblo. Este prado está demasiado lejos y nadie me oiría.

El pobre animal seguía pensando y, después de estrujarse el cerebro durante un rato, se le ocurrió una idea para engañar al lobo y salir vivo de allí.

El burrito empezó a pasear por el prado fingiendo que cojeaba y quejándose de dolor. El lobo, que lo vigilaba desde unos matorrales, al verlo cojear, pensó que sería presa fácil. Así que salió de su escondite y se plantó frente a él.
-¡Qué suerte tengo! ¡Por fin encuentro alguien inteligente y hábil que me puede ayudar!
El lobo se sintió halagado.
-¿En qué podría yo ayudarte?
-¡Ay, amigo lobo! Me he clavado una espina en esta pata y seguro que tú conseguirás quitármela. Me molesta mucho, ¡y mira cómo cojeo!

Al lobo le pareció bien ayudar al burro. Después de todo, como se lo iba a zampar, mejor sería que no tuviese ninguna espina…

-A ver, a ver… Levanta la pata para que pueda saber dónde está exactamente.
Entonces el lobo se colocó detrás del burro y el lobo hizo todo lo que le decía el burro.
-Tendrás que acercarte un poco más para poder verla. Yo noto que está clavada bien dentro, muy profunda. Te va a costar sacarla, amigo lobo.

El lobo se acercó y se acercó a la pata y entonces… El burro le atizó una fuerte coz y salió corriendo todo lo que pudo.

El lobo se quedó tumbado en el suelo, aullando de dolor, con todas las muelas rotas, y, sobre todo, muy herido en su orgullo. El burro había demostrado ser muy listo, mucho más listo que él.
Al lobo mal herido y llorando su desventura, sólo se le ocurrió decir:
- Bien merecido lo tengo, porque siendo mi oficio de carnicero, ¿cómo se me ocurrió meterme a curandero?