El diario a diario.

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¿Se acuerdan de aquellas fotonovelas con sus entrañables posados? Eran claros referentes de sobreactuación para los actores, motivo de emociones para los amantes del “rosa” y de risa para sus acérrimos detractores...
El diario a diario (Julio Cortázar en la barra de un bar), es un juego refrescante en recuerdo de aquellas páginas con fondo de tirador de cerveza y bocadillos que hablan, además de un motivo de reunión de amigos como todas las entradas colectivas de este blog.
Las fotografías son de Teresa Sánchez Marcos y la música, de Héctor Lera, la puedes escuchar en Jamendo. El texto, una adaptación muy libre del relato de Julio Cortázar.


El diario a diario from Javier Merchante on Vimeo.



Si tienes problemas de descarga puedes escuchar el audio:





EL DIARIO A DIARIO

(Diálogo de dos amigos sobre el relato de Julio Cortázar).
(En el bar. Ambiente de clientes, tirador de cerveza, vasos y fluído de líquidos).
Joaquín: Dos cervezas. Vaya día de calor que nos espera...
Javier: Y sólo acaba de empezar. Sevillana nos asista...
Joaquín: Pídeselo mejor a San Pancracio: Que no salte la Red y tengamos corriente.
Javier: Mejor será. Perejil para el santo.
Joaquín. Y cerveza a los penitentes.
Javier: Eso.
Joaquín: Sea.
Javier:¿Tú lo quieres?
Joaquín: ¿El qué?
Javier: ¡El periódico! ¿¡Que si lo quieres!? Estoy harto de pasearlo. Ya lo he leído... Te lo ofrezco.
Joaquín: ¿Yo? Tengo mis propias malas noticias; además, los deportes no me interesan; ¿Programación de la tele...?; paso de ella..., y el dinero que perdía en cupones, he decidido inviertirlo en cerveza. Como ves, me sobra la prensa.
Javier: Ahí se queda: Para quien la quiera...
Joaquín: Vaya, dejó de ser un montón de hojas impresas. Vuelve ser un periódico.
Javier: ¡Filósofo! ¿El levante te trastornó la cabeza?
Joaquín: No es mío.
Javier: ¿De quién?
Joaquín: De Julio Cortázar.
Javier: A ver, cuenta.
Joaquín: Verás... Escucha. Él lo razona más o menos así: Un señor toma el tranvía después de comprar el diario. Media hora más tarde desciende con el mismo diario.
Pero ya no es el mismo diario, ahora es un montón de hojas impresas que el señor abandona en un banco de la plaza.
Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta que un muchacho lo ve, lo lee y lo deja convertido en un montón de hojas impresas.
Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta que una anciana lo encuentra, lo lee y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Luego se lo lleva a su casa y en el camino lo usa para empaquetar medio kilo de acelgas, que es para lo que sirven los diarios después de estas excitantes metamorfosis. ¿Comprendes?
Javier: Voy entendiendo...
Joaquín: ¿Seguro?
Javier: Espera. Aquí tienes la prueba. Dos cervezas cuando pueda. Aquí están. Si nos vamos sin beberlas, se convertirían en líquidos rubios coronados de nube de espuma blanca, ¿no?; hasta que algún ave de rapiña, que aquí las hay, se las beba, entones volverían a ser cervezas.
Joaquín: Cráneo privilegiado.
Javier: ¿Cómo las prefieres?
Joaquín: ¡Como cervezas!
Javier: Pues, bebe y calla, hombre, que pase lo que pase, no dejarían de ser dos cervezas.
Joaquín: ¡Qué prosaico eres!
Javier: Filósofo..., poeta.