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Noche de fantasmas, aparecidos, brujas, almas en penas, cadenas y puertas que chirrían...; noche especial para que lo desconocido con su ropaje de miedos se cuele por el tuétano de nuestros huesos.
El jinete fantasma de Gregorio Godoy (Venezuela, 1.950) es el relato que os traemos al galope para celebrar desde nuestra página estos días tan especiales para vosotros.
Saludos desde El maestro cuentacuentos.

Reparto:
Narrador: Javier Merchante.
Músicas: Roger Subirana Mata, Conspirancy, Alexandr Bulgarov (Jamendo).
Duración: 5:39.







El jinete fantasma

(Adaptación)
Gregorio Godoy .
Luciano López regresaba a su casa al oscurecer, desde la quinta en la que trabajaba. La noche se presentaba con su acostumbrada quietud. Sólo se encontraría algo inquietante en ella si uno creaba sus propios temores, y él, no se creía una persona aprensiva; de modo que mientras caminaba de regreso a casa por el sendero arbolado, sólo escuchaba de vez en cuando el cercano aleteo de un pájaro o el “canto” de los grillos.

Luciano era un hombre maduro y fornido, pero su corpulencia no le impedía que el nerviosismo mantuviera alerta todos sus sentidos. Intentaba llevar sus pensamientos en dirección de la rica comida que le tendría preparada su madre. De pronto, se dio cuenta: no veía el caballo cuyo trotar escuchaba hacia varios minutos, y parecía acompañarlo de no muy lejos.

Sintió que su corazón latía con más fuerza, y trató de mantener la calma sin negar la situación. Tomando aire se dijo: “realmente estoy escuchando el trotar de un caballo cerca, pero tengo que seguir caminando como si nada; es sólo un kilómetro lo que me resta de camino”.

Ya estaba lo bastante asustado como para no darse cuenta que en realidad estaba apurando el paso, y el latir de su corazón también le impidió a su mente notar por un buen rato que el sonido del caballo ya no se escuchaba. Cuando notó que el trotar había cesado, volvió a tomar el paso normal y respiró con alivio. Ahora el resto de la caminata sería normal y tranquila, pensó... Estaba equivocado.

Después de varios minutos volvió a oír el sonido del fantasmal caballo. Esta vez se escuchaba el claro galope varios metros atrás, como si un jinete se acercara. “Vamos, se dijo tratando de tranquilizarse, sólo es un paisano de la zona que se acerca a caballo.” Giró y miró hacia atrás esperando ver al jinete... Nadie... Nada.

Aunque era de noche, había luna llena y no había nubes que la cubrieran, y si alguien se acercaba debería verlo. Corría con todas sus fuerzas, y esta vez, con la plena seguridad de que un caballo fantasma lo estaba persiguiendo. Trataba de quitar el pensamiento que porfiadamente entraba en su cabeza: no tenía posibilidad alguna de escapar a pie de un caballo, fuera fantasma o de carne y hueso.

Ahora sentía el galope a sus espaldas. Un grito, mezcla de terror y sorpresa, salió de su boca cuando escuchó claramente el leve chasquido de un rebenque sonando sobre el lomo del animal. Corría y corría, y las expresiones: “con el corazón en la boca” y “los pelos de punta” cobraban todo su sentido en su fatigado cuerpo. ¿Necesitaba un jinete fantasma azuzar a su caballo fantasma con un rebenque?, si el jinete quería alcanzarlo, quién sabe con qué infernal propósito, ¿no lo habría hecho fácilmente ya? No, ninguna de estas reflexiones podría producirse en ese momento en el cerebro de Luciano, que sólo por casualidad se hallaba corriendo en dirección a su casa.

El ladrido de sus perros, llegó a su mente como un vaso de agua al sediento y de pronto se halló entrando atropelladamente al patio de su casa; y en medio del alboroto de sus perros, cayó de rodillas jadeante frente a su madre que le preguntaba sorprendida: “¿qué pasa, hijo?, ¿te viene persiguiendo un caballo?”.

Doña Sara, su madre, explicó por qué hizo esa pregunta cuando vio llegar a su hijo corriendo y lleno de pánico, ya que también escuchó el galope de un caballo, pero no recuerda haberlo visto. Era de noche, la madre era una anciana de muy avanzada edad, y su vista ya era bastante pobre.

La experiencia de Luciano López seguramente pasará a integrar el folclor de las historias de aparecidos, almas en pena y luces malas; historias que nos sugieren la inquietante idea de que hay otro mundo además del nuestro, y que algo o alguien llega a veces hasta nosotros venido de Dios sabe dónde.