El señor Beneset.

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El señor Beneset, viudo recogido en una residencia para la tercera edad, recibe la visita de hijo. Después de proceder a su peculiar ritual de acicalamiento, el señor Beneset sale al pequeño jardín con su hijo donde continúa con sus singulares confidencias.
Adaptación del relato de Quim Monzó publicado en Mil cretinos, editorial Anagrama.

Ficha de audio:
Reparto:
Recepcionista: Pili Martín.
Hijo: Ismael Roldán Castro.
Sr. Beneset: Javier Merchante.
Margarita: Mari Carmen de las Casas.
Música:
Schwarzweiss (Jamendo).

El señor Beneset by jmerchante


EL SEÑOR BENESET.
(Quim Monzó. Mil cretinos. Edit. Anagrama. Adaptado).

Recepcionista: Residencia para la tercera edad El Sol. Le habla Maite, ¿en qué puedo atenderle? (…....) No, no ha llegado aún.(.....) Se lo diré cuando llegue. Adiós. ¡Hola, qué alegría volver a verle!
Hijo: ¿Qué tal?
Recepcionista: Bien, como siempre. La rutina de todos los días.
Hijo: Ya veo que terminaron por fin el aparcamiento...
Recepcionista: Sí, por fin. Qué temporada hemos pasado de polvo, máquinas, y qué ruído..., pero, bueno, ya todo pasó.
Hijo: ¿Cómo ha estado mi padre últimamente?
Recepcionista: Bien, como siempre. Con sus cosas..., ya sabe, pero él no molesta a nadie. Siempre tan divertido con sus disfraces...
Hijo: En fin...
Recepcionista: Bueno..., que disfrute de su visita. Adiós.

Sr. Beneset: Te tengo dicho que llames antes de entrar en las habitaciones.
Hijo: ¡He llamado, papá, pero no me oías!
Sr. Beneset: Te tengo dicho, desde pequeño, que debes llamar a la puerta antes de entrar en las habitacione. ¿O no te lo he dicho siempre? Pero tú como si oyeras llover. Se te dicen las cosas y no haces ningún caso.
Hijo: Papá...
Sr. Beneset: ¿Bebes? No bebas, eh, que a ti siempre te ha gustado beber. Tienes la nariz roja, y la nariz roja la tienen los que beben mucho. No bebas, te lo digo yo. Mira lo que le pasó al tío Toni, que acabó alcohólico. Pero él tenía motivo. Se le murió la hija y la mujer lo dejó, pobrecito. Ya te lo he contado alguna vez.
Hijo: Te has cortado el pelo, ¿no?
Sr. Beneset: ¿A que queda bien así, cortito? A mi edad el pelo corto va mucho mejor. No tienes que peinártelo y se seca enseguida.
Sr. Beneset: Deja, deja, ya lo hago yo. No necesito ayuda de nadie. Es terrible llegar a viejo, por eso no quiero que bebas. Anda, anda acércame el taburete al cuarto de baño que tengo que maquillarme y pintarme antes de salir.


Margarita: Buenos días, señor Rafael.
Sr. Beneset: Buenos días, guapa. Es Margarita, una chica muy maja. Margarita es Cubana, de Cuba. Un país precioso. Ácercame el rímel que no llego. Ah, y la blusa que está en el perchero.
Margarita: Todo en orden. Adiós, señor Rafael.
Sr. Beneset: Adiós, hija, adiós. Es una chica muy guapa. Hay chicas muy guapas aquí, pobres, cuidando a vejestorios. He tenido que decirles que no me duchen, porque se me ponía el rabo como una vara. Había una, había una que me decía: “Ay, señor Rafael, qué grande es... ¡Y a su edad!” Yo les digo que lo dejen, que esa zona me la hago yo, porque me da cosa, pobrecitas, que estén aquí, tan jóvenes, removiendo el cocido de un viejo. Ea, ya está. Vámonos al cuarto que me ponga los pantis, la falda y los zapatos.
Hijo: Papá, ¿dónde tienes el andador?
Sr. Beneset: Donde siempre, hijo, en el armario. Qué despistado eres, dónde va a estar...

Sr. Beneset: Hola, Matilde, guapa. Ya ves, con mi hijo, de visita. Adiós, adiós.

Sr. Beneset: La he llenado antes de que vinieses. Para estar a punto. Vienes tan de tarse en tarde que no quiero perder ni un minuto... Ya sé que tienes mucho trabajo, hijo mío, y no te lo reprocho.
Aquí cuando alguien muere dicen que se ha ido. De repente ya no está nunca: no está en el jardín, ni en el comedor ni en la sala de la tele, no está en ninguna parte, y hasta el día anterior siempre estaba. Si preguntas qué le ha pasado te dicen que se ha ido. Se ha ido ¿adónde? No te lo aclaran. La semana pasada se fue otro. A veces, por la noche, oyes ruidos en los pasillos. De repente todo son pasos en de un ladp para otro. Rápidos, con prisa. Deben de llevarse un cadáver, pienso siempre. El pintalabios...
Hijo: ¿Cómo?
Sr. Beneset: Que lo he embadurnado todo, ¿no?
Hijo: No, sólo un poco. Dame el pañuelo que te lo arreglo.
Sr. Beneset: A veces sueño que me llaman desde el cielo. Mi padre, mi madre, todos mis hermanos. Tu madre no. He vivido veinte años más que mi hermano que ha vivido más. Ya tengo bastante. Si pudiera me tomaría una de esas pastillas que hay, que te duermen y una vez que te has dormido ya no despiertas, porque no es sólo que te duerman, sino que mientras te duermen te matan sin ningún dolor. No quiero sufrir más. El otro día le dije a la doctora: “¿Por qué no me da una y así acabamos rápido?” Me riñó: “¡No diga eso ni en broma!” No lo decía en broma. A veces miro la ventana y pienso qué fácil sería tirarse. Lo que cuesta es subirse. Si pudiera subirme, sentarme y pasar las piernas al otro lado, aún. Pero no tengo suficiente fuerza, y a ti no puedo pedirte ese favor.
Anda, vamos a la habitación.
Hijo: ¿Ya quieres subir? No hace ni media hora que estamos aquí.
Sr. Beneset: Ya basta. De verdad. Estoy cansado. Ay, ay, mis rodillas cómo me duelen...


Sr. Beneset: Todavía falta un rato para comer. Vete, que bastante trabajo tienes. Y no te des prisa en volver, ya sé que tienes muchas obligaciones.