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Relatos Breves.


  • El escritor italiano Boccacio compuso el Decamerón –«cien narraciones contadas a lo largo de diez días o jornadas»-, entre 1350 y 1365. Por él pululan toda clase de personajes y se entretejen aventuras eróticas,historias trágicas, alegres sátiras de costumbres... Toda la vida terrena está recogida en esta «comedia humana», desde los aspectos más cómicos hasta los más dramáticos.
  • La historia El tiesto de albahaca pertenece a la cuarta jornada «en la que se habla de aquellos cuyos amores tuvieron un final infeliz»; un delicadísimo cuento de amor, venganza y muerte, en el que Boccaccio resalta el dramatismo de la acción.


Reparto:

Narradora: Pilar Valdés.
Músicas: Marc Teichert, Novem Music, (Jamendo).
Canción y arreglos de Enrique Montaño Cambil.
Duración: 7:06.






EL TIESTO DE ALBAHACA.
(Giovanni Boccaccio. Adaptado)

Había en Messina tres hermanos jóvenes, todos mercaderes y muy ricos. Tenían una hermana llamada Isabel, moza muy cortés y bella, a la que, sin razón aparente, no habían casado todavía. Y tenían estos tres hermanos en un establecimiento suyo un joven llamado Lorenzo. Isabel, que muchas veces lo había mirado, empezó a sentirse complacida de él. Lo notó Lorenzo y puso su ánimo también en ella. La cosa anduvo de modo que en poco tiempo consiguieron lo que ambos deseaban. Y refocilándose y teniendo mucho placer los dos, no acertaron a hacerlo tan secretamente que una noche, yendo Isabel a donde Lorenzo dormía, lo notó el hermano mayor. Al llegar el día contó a sus hermanos lo que había visto de Isabel y Lorenzo y con ellos deliberó que, para que no se siguiese del caso infamia alguna a su hermana ni a ellos mismos, disimularían como si nada supiesen hasta que, sin daño ni perjuicio suyo, pudieran quitarse de encima tal afrenta. Sucedió que, con el pretexto de salir de la ciudad los tres, se llevaron consigo a Lorenzo. Y al llegar a un lugar muy solitario y remoto, mataron a Lorenzo y lo enterraron de modo que nadie lo advirtiese. Al volver a Messina hicieron correr la voz de que lo habían mandado por negocios a otro lugar.
Al no volver Lorenzo y tras preguntar Isabel por él mucho y solícitamente a sus hermanos, ocurrió que un día en que preguntó con más insistencia, uno de los hermanos le dijo:
-¿Qué quiere decir esto? ¿Qué tienes con Lorenzo que tan a menudo nos preguntas por él? Si vuelves a preguntarnos, te contestaremos como conviene.
Y la triste y dolorida joven, callaba y, cuando llegaba la noche, rogaba patéticamente a Lorenzo que retornase. Sin alegrarse con nada, seguía siempre esperando.
Una noche, Lorenzo se le apareció en sueños, pálido y maltrecho, con las ropas desgarradas, y le pareció que le dijo:
-No haces, Isabel, más que llamarme, y de mi larga ausencia te entristeces y con tus lágrimas fieramente me acusas, mas has de saber que no puedo retornar, porque el último día que me viste tus hermanos me mataron.
Y le explicó el lugar en que le habían enterrado y le dijo que no volviese a llamarlo ni esperarlo, y desapareció.
Al levantarse por la mañana, resolvió ir al lugar indicado y ver si era verdad lo que en sueños se le apareció. Acompañada de una sirvienta que con ella solía andar mucho, fue al lugar indicado tan pronto como pudo y quitando varias hojas secas que allí había, cavó donde le pareció menos dura la tierra. Encontró el cuerpo de su mísero amante, aún no descompuesto ni corrompido. Dolorida como ninguna mujer y sabiendo que el llorar no servía de nada, con gusto se habría llevado todo el cuerpo para darle conveniente sepultura.
Pero, como eso no podía ser, con un cuchillo cortó la cabeza de su amante y, envolviéndola en una toalla y sin que nadie la viese, volvió a su casa.
Se encerró en su cámara con la cabeza y luego tomó uno de esos grandes y hermosos tiestos en los que se planta albahaca y dentro colocó la cabeza envuelta en una tela muy bella. Poniendo tierra encima, plantó algunas matas de bellísima albahaca salernitana, sin regarla jamás a no ser con sus lágrimas, o con agua de rosas o de azahares. Había tomado por costumbre sentarse siempre junto aquella maceta y, después de muchos cariños, comenzaba a llorar hasta bañar toda la planta de albahaca.
La planta de albahaca se hizo muy grande y muy bella y también muy olorosa. Al advertirlo los hermanos hicieron a hurtadillas que se le quitase aquel tiesto. No encontrándolo ella, muchas veces lo pidió con mucha insistencia y, al no serle entregado, entre llantos y lágrimas enfermó. No pedía en su dolencia, otra cosa que el tiesto. Los hermanos quisieron ver lo que dentro había. Quitando la tierra, hallaron el lienzo y dentro la cabeza. Quedaron muy pasmados y temieron que aquello se supiese, por lo que, enterrando la cabeza y sin decir nada, sigilosamente salieron de Messina y se fueron a Nápoles.
La joven, siempre sin dejar de llorar y pidiendo su tiesto, murió y su desventurado amor tuvo término. Pasado cierto tiempo, se hizo el caso manifiesto a muchos y hubo quien compuso esa canción que todavía hoy se canta y que dice:
¿Quién pudo ser el mal cristiano que me robó el tiesto de albahaca?