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Relatos Largos.
El autor de Exilio, relato adaptado que hoy os traemos, Edmond Hamilton (1.904-1.977), contribuyó de manera decisiva en los primeros años de la ciencia ficción, aunque tocó todos los géneros.
Cuatro amigos escritores, con algún escocés de más, charlan sobre la virtualidad de sus mundos imaginados. Uno de ellos, Carrick, sorprende e inquieta al resto con la historia que a él le sucedió al crear una colección de relatos.

Ficha de audio:
Texto: Edmond Hamilton.
Narrador: José Manuel Argon.
Brazell: Jesús Rosas.
Madison: David Arnaiz.
Carrick: Javier Merchante.
Músicas: Nicoco, David G. Bonacho.
Duración: 8:22.






Exilio.

(Edmond Hamilton. Adaptada)
Narrador:¡Lo que daría por no haber hablado de Ciencia Ficción aquella noche! Si no lo hubiéramos hecho, en estos momentos no estaría obsesionado con esa imposible historia que nunca podría ser comprobada ni refutada.
Pero tratándose de cuatro escritores profesionales de relatos fantásticos, supongo que el tema resultaba ineludible.
No era mi intención hacer algo así. Pero había bebido un escocés de más, y eso siempre me vuelve analítico. Y me divertía la perfecta apariencia de que los cuatro eramos personas comunes y corrientes.
N./Personaje:Camuflaje protector, eso es. ¡Cuánto nos esforzamos por actuar como chicos buenos, normales y ordinarios!
Brazell: ¿De qué estás hablando?
N./Personaje:De nosotros cuatro. ¡Qué esplendida imitación de ciudadanos hechos y derechos! Pero no estamos contentos con eso… Ninguno de nosotros. Por el contrario, estamos violentamente insatisfechos con la tierra y con todas sus obras; por eso nos pasamos la vida creando uno tras otro, mundos imaginarios.
Brazell: Supongo que el pequeño detalle de hacerlo por dinero no tiene nada que ver.
N./Personaje:Claro que si. Pero todos creamos nuestros mundos y pueblos imposibles muchísimo antes de escribir una sola línea, ¿verdad?; incluso desde nuestra infancia, ¿no? por eso no estamos a gusto aquí.
Madison:Nos sentiríamos mucho peor en alguno de los mundos que describimos.
Narrador:En ese momento, Carrick, el cuarto del grupo, intervino en la conversación. Estaba sentado en silencio como de costumbre, copa en la mano, meditabundo, sin prestarnos atención.
Carrick era raro en muchos aspectos. Sabíamos poco de él, pero apreciábamos y admirábamos sus historias. Había escrito relatos fascinantes, minuciosamente elaborados en su totalidad sobre un planeta imaginario.
Carrick: Lo mismo me ocurrió a mi en una ocasión.
Madison:¿Qué?
Carrick: Lo que acabas de sugerir… Una vez escribí sobre un mundo imaginario y luego me vi obligado a vivir en él.
Madison:¡Jajaja! Espero que haya sido un sitio más habitable que los escalofriantes planetas en los que yo planteo mis embustes.
Carrick: De haber sabido que viviría en él, lo habría creado muy distinto.
Brazell: Cuéntanos como fue, Carrick.
Carrick: Sucedió inmediatamente después de que me mudara junto a la Gran Central de Energía. Se vivía muy tranquilo en las afueras de la ciudad y yo necesitaba tranquilidad para escribir mis historias.
Me dispuse a trabajar en una colección de relatos que ocurrirían en aquel mundo imaginario. Empecé por crear detalladamente todas las características físicas de ese mundo y del universo que lo contenía. Cuando terminé algo en mi mente hizo, ¡clic!
Me pareció que se había producido una súbita materialización, que el mundo que yo había creado acababa de cristalizar en una existencia concreta en alguna parte.
Ignoré esa extraña idea, pero al día siguiente sucedió de nuevo. Dediqué la mayor parte del tiempo a la creación de los habitantes del mundo de mi historia. Los había imaginado humanos, aunque decidí que no fueran demasiado civilizados pues eso imposibilitaría los conflictos y la violencia indispensable para mi trama.
Un mundo de gente que estaba a medio civilizar. Y, justo cuando terminé, aquel ¡clic! resonó de nuevo en mi mente.
Entonces si me asusté de verdad pues sentí con mayor fuerza que mis sueños se habían materializado para dar paso a una realidad solida. Sabía que era una locura; sin embargo, en mi mente tenía la increíble certeza.
Si en verdad había creado un mundo y un universo con solo imaginarlos, ¿dónde se hallaban? ¿Sería posible que un cosmos vacío adquiriese forma al tomar las imágenes que yo había soñado?
Bueno, para eso había una explicación plausible. Vivo cerca de la Gran Central de Energía. Alguna insospechada corriente de energía dirigía mi imaginación hacia un cosmos vacío donde conmocionó la masa informe y la hizo apropiarse de las formas que yo soñaba.
¿Creía en eso? No. Por supuesto que no, pero lo sabía. Hay una diferencia entre el conocimiento y la creencia; como alguien dijo: ‘Todos los hombres saben que algún día morirán y ninguno cree que llegará ese día’. Pues conmigo ocurrió lo mismo. No era posible que mi mundo fantástico hubiese adquirido una existencia física, aunque yo tenía la extraña convicción de que así era.
Y entonces se me ocurrió algo que me pareció entretenido e interesante. ¿Y si me creaba a mi mismo en ese otro mundo? Me senté en mi escritorio y lo intenté. ¡Y algo en mi mente hizo “clic!”
Madison:Y seguro despertaste allí y una hermosa muchacha se acercó a ti y preguntaste “¿Donde estoy?”
Carrick: No, no sucedió así. Simplemente, aparecí allí de repente. Seguía siendo yo, pero era el yo imaginado por mi para ese otro mundo. Y mi otro yo era tan real en ese mundo imaginario creado por mi como lo había sido yo en el mío propio. Eso fue lo peor. Todo en ese mundo a medio civilizar era tan vulgar dentro de su realidad…
Me desagradó el lugar. Lo había creado demasiado bárbaro. Las salvajes violencias y crueldades, seductoras como material para una historia , eran aberrantes y repulsivas en mi propia carne. Solo deseaba volver a mi mundo.
¡Y no pude regresar! No había forma. La extraña fuerza que había propiciado el milagro no funcionaba en la dirección contraria.
Lo pasé bastante mal al percatarme de que estaba atrapado en un mundo desagradable, extenuado y bárbaro. Primero pensé en suicidarme. Sin embargo, no lo hice. El hombre se adapta a todo. Y yo me acoplé lo mejor que pude al mundo creado por mi.
Brazell: ¿Qué hiciste allí? ¿Qué función cumpliste?
Carrick: No dominaba las habilidades y destrezas del mundo que había creado. Sólo poseía mi propio oficio… el de contar historias.
N./Personaje:¿No querrás decir que empezaste a escribir historias fantásticas?
Carrick: No me quedó más remedio. Era lo único que podía hacer. Escribí historias sobre mi propio mundo real. Y para esa gente, mis relatos eran de una imaginación desbordante… y les gustaron.
N./Personaje:Nos echamos a reír. Pero Carrick permaneció mortalmente serio.
Madison llevó la broma hasta sus últimas consecuencias.
Madison:¿Y cómo te las arreglaste para regresar finalmente a casa desde ese otro mundo que habías creado?
Carrick: ¡Nunca regresé a casa!