Historia de un muerto contada por el mismo.
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Tres de amigos se reúnen en una amplia sala casi a oscuras una lluviosa y fría noche de invierno. A propósito de Hoffman, todo invite a contar historias de terror. Uno de ellos se anima a contar una historia fantástica que le ocurrió.
Este relato de Alejandro Dumas se anticipa a una vasta colección de relatos góticos. Contiene los ingredientes del cuento de terror clásico: un enamorado muerto que comercia con el demonio, una mujer hermosa que incita al misterio y un desenlace onírico.

Reparto:
Amigo 1: Pablo Domínguez.
Henri: Alberto Hidalgo.
Amigo 2: David Arnaiz.
Criado/Portero: José Manuel Argón.
Mujer: Antonia Zurera.
Satán: Javier Merchante.
Músicas: Julien-Allioux, Esther García, Subterrestrial y Nicoco (Jamendo).



Historia de un muerto contada por él mismo.
(Alejandro Dumas. Texto adaptado)
Amigo 1º: Una noche de diciembre nos hallábamos reunidos tres amigos en el taller de un pintor. Hacia un tiempo sombrío y frío, y la lluvia golpeaba los cristales con un ruido continuo y monótono.
Habíamos llegado a un punto en el que no hablábamos siquiera.
Era evidente que el primero que abriera la boca y que turbara el silencio, aunque fuera para una broma, causaría inquietud a los otros dos: hasta tal punto estábamos sumidos, cada uno por nuestro lado, en una ensoñación miedosa.
Amigo 2º: Henri, ¿has leído a Hoffman?
Henri: ¡Por supuesto!
Amigo 2º: Y, ¿qué piensas de él?
Henri: Es admirable, y por lo que a mí respecta, sólo sé que cuando lo leía por la noche, me iba a la cama frecuentemente sin cerrar mi libro y sin atreverme a mirar detrás de mí.
Amigo 2º: Pues bien, voy a contaros una historia fantástica que me ocurrió.
Henri: Esto no podía acabar de otro modo; cuenta.
Amigo 1º: ¿Es una historia que te ocurrió a ti mismo?
Amigo 2º: A mí mismo.
Amigo 1º: Pues cuenta, hoy estoy dispuesto a creer todo.
Henri: Bueno, adelante, te escuchamos.
Amigo 2º: Una noche, hará aproximadamente un año, hacía el mismo tiempo que hoy, el mismo frío, la misma lluvia, la misma tristeza. Yo tenía muchos enfermos, y después de haber hecho mi última visita, me hice llevar a mi casa. Estaba muy cansado y me acosté pronto.
Hacía aproximadamente una hora que dormía cuando sentí una mano que me sacudía vigorosamente. Era mi criado.
Criado: Señor, levántese inmediatamente, le buscan para que visite a una joven que se muere.
Amigo 2º: ¿Y dónde vive esa joven?
Criado: Casi enfrente; además, ahí está la persona que ha venido por vos para acompañarle.
Amigo 2º: Afortunadamente no tuve más que atravesar la calle y al instante estuve en casa de la persona que reclamaba mis cuidados. Fui dirigido hacia una gran cama y vi, sobre la almohada, la más encantadora cabeza de madona que jamás haya soñado Rafael. Permanecí sin recordar la causa que me había llevado allí, mirándola como una revelación; cuando ella volvió la cabeza hacia mí, abrió sus grandes ojos azules y me dijo:
Mujer: Sufro mucho.
Amigo 2º: Sin embargo, no tenía casi nada. Una sangría y estaba salvada. Había tanta voluptuosidad, tanto amor y tanta pasión alrededor de ella que yo estaba clavado en mi sitio y diciéndome que si había alguna cosa del cielo en esta tierra, debía ser el amor de aquella mujer. Cuando regresé a mi casa, estuve desvelado por su recuerdo. Esperaba impaciente la hora a la que podía presentarme en su casa, y el tiempo que pasé esperándola me pareció un siglo. Finalmente llegó la hora. Me tendió la mano y me hizo sentar a su lado.
Amigo 2º: ¿Tan pronto levantada, señora?
Mujer: Soy fuerte, he dormido muy bien, y además no estaba enferma.
Amigo 2º: Sin embargo, decíais que sufríais.
Mujer: Más del pensamiento que del cuerpo.
Amigo 2º: ¿Tenéis alguna pena, señora?
Mujer: Oh, una profunda. Afortunadamente Dios también es médico, y ha encontrado la panacea universal, el olvido.
Amigo 2º: Pero hay dolores que matan.
Mujer: Y bien, la muerte o el olvido, ¿no es lo mismo? La una es la tumba del cuerpo, la otra la tumba del corazón, eso es todo.
Amigo 2º: Pero vos, señora, ¿cómo podéis tener una pena? Estáis demasiado alta para que os alcance.
Mujer: Eso es lo que os engaña, y lo que prueba que toda vuestra ciencia se detiene ahí, en el corazón.
Amigo 2º: Y bien, tratad de olvidar, señora. Dios permite a veces que una alegría suceda a un dolor; y cuando el corazón de aquel que prueba está demasiado vacío para llenarse solo, cuando la herida es demasiado profunda para cerrar sin ayuda, envía al camino de aquella a la que quiere consolar otra alma que la comprende; porque sabe que se sufre menos sufriendo a dúo; y llega un momento en que el corazón vacío se llena de nuevo o la herida cicatriza.
Mujer: ¿Y cuál es el dictamen, doctor, con qué curarías semejante herida? Doctor, ¿podré bailar pronto?
Amigo 2º: Sí, señora.
Mujer: Es que tengo que dar un baile hace mucho tiempo programado; ¿vendréis, verdad? Debéis tener una opinión malísima de mi dolor que no me impide bailar de noche. Veréis, es uno de esos pesares que hay que empujar al fondo del corazón para que el mundo no sepa nada; una de esas torturas que debemos enmascarar con una sonrisa, para que nadie las adivine. Este mundo, que tiene envidia y celos al verme bella, me cree feliz, y es una convicción que no quiero quitarle. Por eso bailo, con riesgo de llorar al día siguiente, pero de llorar sola.¿Hasta pronto, verdad?
Amigo 2º: Yo llevé su mano a mis labios, y salí. Me olvidaba de todo por aquella mujer; no dormía, no comía; por la noche tenía fiebre, al día siguiente por la mañana, delirio, y a la noche siguiente estaba muerto.
Amigo 1º y Henri: ¡Muerto!
Amigo 2º: Muerto.
Amigo 1º:Continúa.
Amigo 2º: A partir de ese momento, sólo experimenté una conmoción fría. Ignoro desde hacía cuánto tiempo estaba sepultado, cuando oí confusamente una voz que me llamaba por mi nombre.
Amigo 2º: ¿Quién me llama?
Satán: Yo.
Amigo 2º: ¿Quién eres tú?
Satán: Yo.
Amigo 2º: Aparté silenciosamente el sudario que me cubría, y traté de ver. Me pareció que despertaba de un largo sueño. Sentía frío.
Volví la cabeza y busqué a quien me había llamado. Estaba sentado junto a mi tumba, espiando todos mis movimientos, la cabeza apoyada en las manos y una sonrisa extraña bajo su mirada horrible.
Tuve miedo.
Amigo 2º: ¿Quién sois?, ¿por qué despertarme?
Satán: Para prestarte un servicio.
Amigo 2º: ¿Dónde estoy?
Satán: En el cementerio.
Amigo 2º: ¿Quién sois?
Satán: Un amigo.
Amigo 2º: Dejadme en mi sueño.
Satán: Escucha, ¿te acuerdas de la tierra?
Amigo 2º: No.
Satán: ¿No echas de menos nada?
Amigo 2º: No.
Satán: ¿Cuánto hace que duermes?
Amigo 2º: Lo ignoro.
Satán: Yo te lo diré. Estás muerto desde hace dos días, y tu última palabra ha sido el nombre de una mujer en lugar de ser el del Señor. Hasta el punto de que tu cuerpo sería de Satán, si Satán quisiera cogerlo. ¿Comprendes?
Amigo 2º: Sí.
Satán: ¿Quieres vivir?
Amigo 2º: ¿Sois Satán?
Satán: Satán o no, ¿quieres vivir?
Amigo 2º: ¿Nada más que vivir?
Satán: No, volverás a verla.
Amigo 2º: ¿Cuándo?
Satán: Esta noche.
Amigo 2º: ¿Dónde?
Satán: En su casa.
Amigo 2º: Acepto. ¿Tus condiciones?
Satán: No te las pongo; ¿crees acaso que de cuando en cuando no soy capaz de hacer el bien? Esta noche ella da un baile y te llevo a él.
Amigo 2º: Vayamos, pues.
Satán: Vayamos. Ahora, sígueme. Comprende que no te haga salir por la puerta principal, el portero no te dejaría pasar, querido; una vez aquí, no se sale. Sígueme, pues: vamos primero a tu casa, donde te vestirás; porque no puedes ir al baile con el traje que llevas, tanto más cuanto que no es un baile de disfraces; pero envuélvete bien en tu sudario, porque la noche es fría y podrías enfermar.
Amigo 2º: ¿Llegaremos pronto?
Satán: ¡Impaciente! ¿Es muy hermosa?
Amigo 2º: Como un ángel.
Satán: Ay, querido, hay que confesar que adoleces de delicadeza en tus palabras; acabas de hablarme de ángel, a mí, que lo he sido. Pero te perdono; hay que perdonarle algo a un hombre muerto hace dos días. Además, esta noche estoy muy alegre; hoy han ocurrido en el mundo cosas que me encantan. Y bien, querido, rara vez he visto jornadas como ésta; he cosechado, desde ayer, seiscientos veintidós suicidas sólo en Europa, y entre ellos hay más jóvenes que viejos, lo cual es una pérdida, porque mueren sin hijos; dos mil doscientos cuarenta y tres asesinatos, siempre sólo en Europa; en las demás partes del mundo, ni llevo la cuenta. Dos millones seiscientos veintitrés mil novecientos setenta y cinco nuevos adulterios; doscientos jueces que se han vendido; ordinariamente tenía más. Pero lo que mayor placer me ha dado son veintisiete muchachas que han muerto blasfemando de Dios. Cuenta, querido, todo eso es un ingreso aproximado de dos millones seiscientas veintiocho mil almas sólo en Europa. No cuento los incestos, las falsificaciones de moneda, las violaciones: pura calderilla. Por eso, haciendo una media de tres millones de almas que se pierden al día, calcula en cuánto tiempo el mundo entero será mío. Me veré obligado a comprarle a Dios el paraíso para agrandar el infierno.
Amigo 2º: Comprendo tu alegría.
Satán: ¿Que sería del mundo sin mí? ¿Un mundo que tuviera sentimientos procedentes del cielo, y no pasiones procedentes de mí? ¿Quién ha inventado el oro? Yo. ¿El juego? Yo ¿El amor? Yo. ¿Los negocios? También yo. Y no comprendo a los hombres que parecen odiarme tanto porque gracias a mí, lo que siempre buscáis no es una mujer como la Virgen, sino una pecadora como Eva. Y tú mismo, en este momento, no es un amor puro lo que vas a buscar junto a aquella a la que te llevo, si no una noche de voluptuosidad. Ves, pues, que el mal sobrevive a la muerte, y que si el hombre tuviera que escoger, preferiría la eternidad de la pasión a la dicha, y la prueba es que, por algunos años de pasión sobre la tierra, pierde la eternidad de la dicha en el cielo.
Amigo 2º: ¿Llegaremos pronto?
Satán: Siempre impaciente. Sígueme, y estate tranquilo, llegaremos. Te he prometido un baile y lo tendrás: yo cumplo mis promesas, y mi firma es conocida.
Amigo 2º: Había en esa ironía de mi siniestro compañero un fatalismo que me helaba. Caminamos algún tiempo, creía caminar por una ciudad muerta hacía siglos y reencontrada en unas excavaciones. Caminábamos sin oír un ruido, sin encontrar una sombra; finalmente llegamos a nuestra casa.
Satán: ¿La reconoces?
Amigo 2º: Sí, entremos.
Satán: Espera, tengo que abrir. También fui yo el que inventó el robo: tengo una segunda llave de todas las puertas, excepto la de paraíso, por supuesto.


Amigo 2º: Entramos. Todo era real; aquella era mi habitación; vi el retrato de mi madre, sonriéndome como siempre. En aquel momento pasé ante un gran espejo y me vi cubierto de un pálido sudario con los ojos apagados. Mi corazón no latía. Me llevé la mano a la frente, y mi frente estaba fría como el pecho, el pulso mudo como el corazón; reconocía todo lo que había abandonado; así pues, sólo el pensamiento y los ojos vivían en mí. Cada movimiento de mis labios se reflejaba como la horrible sonrisa de un cadáver.
Satán: Date prisa, coge tus ropas, y oro sobre todo, mucho oro; deja tus cajones abiertos, y mañana la justicia encontrará el modo de condenar a algún pobre diablo; será mi pequeña ganancia.
Amigo 2º: ¿Vamos a verla?
Satán: Dentro de cinco minutos.
Amigo 2º: ¿Y mañana?
Satán: Mañana recuperarás tu vida ordinaria; yo no hago las cosas a medias.
Amigo 2º: ¿Sin condiciones?
Satán: Sin condiciones.
Amigo 2º: Salgamos.
Satán: Sígueme.
Amigo 2º: Al cabo de unos instantes estábamos en la casa a la que me habían llamado cuatro días antes. Estaban bailando. A la vista de aquella alegría, creí en mi resurrección. Me dejé embriagar y olvidé por un instante de dónde venía sin pensar en otra cosa que en aquello por lo que había ido. Cuando apareció, estaba rodeada de jóvenes a los que apenas escuchaba; alzó indolentemente sus hermosos ojos llenos de voluptuosidad, me vio, dejó a todo el mundo y se acercó a mí.
Mujer: Ya veis que soy fuerte. Y para probároslo vamos a valsar juntos.
Amigo 2º: ¡Si supierais cuánto os amo!
Mujer: Lo sé, y también yo os amo.
Amigo 2º: Daría mi vida por una hora de amor con vos, y mi alma por una noche.
Mujer: Escucha, dentro de un instante estaremos solos.
Amigo 2º: En mis sueños de amor no encontré nada parecido a aquella mujer que tenía en mis brazos, ardiente como una Mesalina, casta como una madona, flexible como una tigresa, con besos que quemaban los labios, con palabras que quemaban el corazón.
Mujer: Escucha, hay que marcharse; ya llega el día, no puedes quedarte aquí; pero por la tarde, a primera hora de la noche te espero.
Amigo 2º:Sólo sé de una cosa que se desea más que una primera noche pasada junto a una amante: una segunda. La noche llegó temprano. Corrí a la casa del baile. En el momento en que franqueaba el umbral de la puerta, vi un viejo pálido y achacoso que bajaba la escalinata.
Portero: ¿Dónde va el señor?
Amigo 2º: A casa de la señora de P...
Portero: La señora de P… Ese señor pálido y achacoso que habéis visto salir es quien vive en este palacete; ella murió hace dos meses.
Amigo 2º: ¡Ahhhhh!
Amigo 2º: Lancé un grito y caí de espaldas.
Amigo 1º: ¿Y después?, pregunté yo, ansioso por saber más.
Amigo 2º: ¿Después?, después me desperté, porque todo eso no era más que un sueño.