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A partir de 6 años.
El cuento que os traemos hoy, Juan, el oso, fue publicado en la colección Cuentos de la Media Lunita, editado por Algaida, con texto de Antonio Rodríguez Almodóvar -adaptado para la ocasión- e ilustraciones de Tino Gatagán.
Una mujer tuvo un hijo tan feo, fuerte y peludo que parecía un oso, por eso todos le llamaban Juan el oso. Un día decide probar suerte por los caminos llevando como única compañera a su cachiporra.

Ficha de audio y vídeo:
Narradora: Pilar Valdés.
Juan: Adolfo Zarandieta.
Arrancapinos: Paco Vila.
Allanamontes: Javier Merchante.
Duende: Paco Vila.
Princesa: María López.
Músicas: Esther García .
Ilustraciones: Tino Gatagán.






Juan, el oso.

Narrador: Esto una vez una mujer que tuvo un hijo muy feo, fuerte y peludo. Tan peludo que parecía un oso, por eso todos le llamaban Juan el Oso. Juan se peleaba con todo el mundo hasta que un día se enfrentó con el maestro. Le dijeron a la madre que tenía que quitarlo de allí y el muchacho dijo que se marchaba del pueblo.
Juan: Madre, yo me voy a correr mundo. Sólo necesito una cachiporra que pese siete arrobas.
Narrador: Total que le hicieron la cachiporra y se echó al camino. Andando, andando se encontró con un hombre que estaba arrancando pinos y le dijo:
Juan: ¿Tú quién eres y cuánto ganas al día?
Arrancapinos: Me llamo Arrancapinos y me pagan una peseta al día.
Juan: Pues vente conmigo que te pagarés dos.
Narrador: Más adelante se encontraron con un hombre que allanaba montes con el culo...
Juan: ¿Tú quién eres y cuánto ganas al día?
Allanamontes: Yo soy Allanamontes y me pagan una peseta al día.
Juan: Pues vente conmigo que te pagarés dos.
Narrador: Y se fueron los tres juntos camino adelante. Al llegar la tarde acamparon en un bosque y Juan le dijo a Arrancapinos:
Juan: Mira, tú ve calentando agua en la olla mientras nosotros vamos de caza.
Narrador: Cuando éste se quedó solo, se presentó un duende y le dijo:
Duende: ¡Dame lumbre o te vuelco la olla!
Arrancapinos: ¡Ahhhh!
Narrador: Y salió corriendo muerto de miedo. El duende volcó la olla y apagó el fuego. Cuando llegó Juan...
Juan: Pero, bueno, qué ha pasado aquí. ¡Qué cobarde eres! Ahora te quedarás tú, Allanamontes.
Narrador: Volvió a ocurrir lo mismo con el duende y Juan decidió:
Juan: Ahora me quedaré yo. Se va a enterar ese duende.
Narrador: Cuando el duende se presentó, Juan cogió su cachiporra y lo dejó turulato.
Duende: No, por favor, no me pegues más.
Narrador: El duende se cortó una oreja y se la entregó a Juan diciéndole:
Duende: Toma mi oreja y cada vez que te encuentres en apuros, muérdela.
Narrador: Un día llegaron a un monte y tenían mucha sed...
Juan: A ver si es verdad lo que sabéis hacer. Primero tú, Arrancapinos, tienes que arrancar todos los pinos. Y luego, tú, Allanamontes, tienes que allanar este monte. Después yo haré un pozo con la cachiporra.
Narrador: Y así sucedió todo. Juan, con su porra de siete arrobas, de un solo golpe en el suelo abrió un pozo muy hondo. Se asomaron los tres y dijo Juan:
Juan: Ahí tiene que haber algo. Primero bajarás tú, Arrancapinos, sujeto por una soga y cuando veas algo toca esta campanilla y nosotros te sacaremos.
Narrador: Bajó Arrancapinos...
Arrancapinos: ¡Sacadme de aquí que hay cuchillos de punta!
Narrador: Le tocó el turno a Allanamontes....
Allanamontes: ¡Vamos, vamos, subidme que me quemo!
Narrador: Por fin, bajó Juan el Oso, que llegó hasta el fondo, donde había una cueva con tres puertas. De pronto se abrió una de ellas y apareció una muchacha.
Juan: ¿Quién eres? ¿Qué hace en esta cueva?
Princesa: Soy una princesa y me encuentro aquí desde el día que me atreví a tocar un manzano que había en el jardín del palacio y al que mi padre me tenía prohibido acercarme. Fue entonces cuando se abrió la tierra y me tragó. Ahora tú tampoco podrás salir de aquí.
Juan: Eso ya lo veremos.
Princesa: ¡La serpiente de las tres cabezas te matará!
Narrador: La serpiente se presentó bufando y Juan atinó a darle con su cachiporra y la dejó despanzurrada. Cuando la princesa se vio libre entregó a Juan una sortija que llevaba. Luego, Juan, le amarró la soga por la cintura y tocó la campanilla para que la subieran. Los otros dos subieron a la princesa y salieron huyendo con ella, dejándolo abandonado en el pozo.
De pronto, sacó la oreja que le había dado el duende, la mordió y, al momento, se presentó el duende:
Duende: ¿Qué mandas, Juan?
Juan: Te mando que me lleves al palacio del rey, que me des un traje aparente y que me pongas más guapo que un sol.
Narrador: En un caballo volador, el duende sacó a Juan y lo condujo al palacio. El rey había reunido a una gran cantidad de príncipes para casar a su hija de inmediato. Juan se puso en la cola y al enseñarle a la princesa el anillo que ella le había entregado, lo reconoció.
Y se casaron y vivieron felices, y a Arrancapinos y a Allanamontes los castigaron a hacer su oficio toda la vida. Y colorín colorado este osado cuento se ha acabado.