La anciana astuta.

foto carcasona.jpg

La ciudad francesa de Carcasona ha sido sitiada por sus enemigos. Todos saben que puede ser el final para sus habitantes. La falta de alimentos y agua, el peligro de epidemias y otros muchos males acechan en el horizonte. Cunde el desánimo entre sus moradores. El alcalde propone entregar las llaves de la ciudad para salvar sus vidas. Pero una anciana irrumpe en medio de la asamblea y propone que se dejen guiar por sus consejos para lograr conjurar los peligros.
Texto popular francés con música Arnaud Condé (Jamendo) e ilustraciones de los alumnos del CEIP Josefa Navarrro Zamora de Coria del Río.

Reparto:
Narrador: Javier Merchante.
Alcalde: Joaquín Foncueva.
Anciana: Antonia M. Zurera.
Rey: Rafa Torres.
Soldado: Nicolás R. Quiles.


La anciana astuta.

(Cuento popular francés)


Narrador: Hace mucho tiempo, la ciudad francesa de Carcasona sufrió un durísimo asedio y sus habitantes se quedaron sin nada que comer. El hambre y las enfermedades mataron a mucha gente, y las pocas personas que quedaban con vida comenzaron a desesperarse. El alcalde de la ciudad reunió entonces en la plaza mayor a todos los vecinos y les habló así:
Alcalde: Amigos, nuestras provisiones se han agotado. No tenemos más remedio que rendirnos.
Narrador: Las palabras palabras del alcalde causaron una profunda conmoción, y todos guardaron silencio. De pronto, una anciana que se encontraba entre la multitud exclamó furiosa:
Anciana: ¿Rendirnos? ¡De ninguna manera! No podemos consentirlo.
Alcalde: ¡No hay más remedio que hacerlo!
Anciana: Tenemos que intentar algo. Escuchad: yo tengo un plan. Si hacéis lo que os diga, la ciudad se salvará.
Narrador: El alcalde se quedó muy sorprendido por la seguridad con la que se expresaba aquella mujer y decidió que valía la pena escuchar su propuesta.
Alcalde: Bien. Dinos qué necesitas para llevar a cabo tu idea.
Anciana: Traedme una vaca.
Alcalde: ¿Una vaca? No sabes lo que dices. Si fuera tan fácil encontrar una vaca, no estaríamos en esta situación. ¡No queda ningún animal vivo en toda la ciudad!
Anciana: ¡Traedme una vaca!
Narrador: El alcalde no tuvo más remedio que ordenar a su soldados que registraran todas las casas, una por una , para ver si encontraban alguna vaca. Por fin, en el establo de un granjero avaro apareció una vaca que el hombre había escondido para venderla a un buen precio cuando ya no hubiera nada que comer. Los soldados se apoderaron de la vaca y se la llevaron a la anciana.
Anciana: Ahora, necesito medio saco de trigo.
Alcalde: ¿Trigo? ¡Imposible! ¡No hay un solo grano de trigo en toda la ciudad!
Anciana: ¡Traedma trigo!
Narrador: Y otra vez los soldados fueron por las casas para ver si conseguían reunir lo que la anciana había pedido. Y con un puñadito aquí y otro allá, por fin lograron hacerse con medio saco de trigo. En cuanto los soldados volvieron con el trigo, la anciana se lo dio de comer a la vaca, ante el asombro del alcalde y de cuantos estaban con él. Luego, cuando la vaca terminó de comer, la mujer le ató una cuerda al cuello y la llevó hasta las murallas de la ciudad. Una vez allí, ordenó a un soldado que abriera la puerta y empujó a la vaca con todas sus fuerzas hacia el exterior.
Nada más ver a la vaca, los soldados enemigos la cogieron y la llevaron a su campamento.
Rey: ¿Dónde habéis encontrado esta vaca?- preguntó asombrado le rey a sus soldados.
Soldado: Estaba paciendo tranquilamente junto a las murallas, a las puerta de la ciudad.
Rey: ¡Eso significa que en Carcasona aún hay animales para alimentar a la población!
Soldado: En cambio, nosotros no tenemos carne fresca desde hace muchísimo tiempo.
Narrador: Los soldados mataron a la vaca para comérsela y vieron que el animal tenía el estómago lleno de trigo.
Soldado: ¡En Carcasona tienen trigo para alimentar a los animales!
Narrador: El rey, tras reflexionar unos minutos, dijo apesadumbrado:
Rey: Si los habitantes de Carcasona todavía disponen de grano para alimentar a sus animales, nosotros moriremos de hambre antes que ellos. Así que levantad el campamento. ¡Nos vamos de aquí!
Narrador: Y aquella misma noche se retiró el ejército enemigo.
Para celebrar el final del asedio, los habitantes de Carcasona pasearon triunfalmente a la anciana por las calles. Y siempre le mostraron su gratitud por haber librado a la ciudad de aquella situación tan terrible.