La aventura de un bandido..

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Portada edición Círculo de Lectores



Del libro de Italo Calvino Los amores difíciles, otro relato muy distinto al publicado anteriormente en este Wiki, La aventura de un matrimonio. Esta vez, una puta entrada en años y oficio; su marido Lilín, un hombre con una rica vida interior; Gim Bolero, bandido en apuros; y el sargento Ángelo, que no está para muchos trotes a las altas horas de la madrugada en la que se sitúa la acción, reunidos por una persecución y una afición común, el tabaco.
Joaquín Focueva, Rafa Torres y Maite Benítez pusieron sus voces e interpretación y Renato Carosone nos dejó su música para que sonara algo a italiano...



La aventura de un bandido 1 by jmerchante


La aventura de un bandido.
(Adaptación del relato de Italo Calvino)


-¡Detente o disparamos, Gim!.
Lo importante era que no lo detuvieran enseguida. Mario Albanesi, alias Gim Bolero, frenó un poco la marcha al desembocar en las calles amplias de la ciudad nueva. Había despistado a la policía una vez vez más por las calles tortuosas de la ciudad vieja. Descartó varios lugares en los que refugiarse aquella noche tierna porque áquellos estarían en todas partes llamando a la puerta. Llegó al portal de la Armanda y subió. Seguro que a esa hora ya no había nadie y que dormía.
-¿Quién es? A esta hora se duerme...- Era Lilín.
-Abre un momento, Armanda, soy yo, Gim.
-Uh, Gim, guapo, ahora te abro, uh, es Gim.
Coge el cordel sujeto a la cabecera de la cama y tira. La puerta, dócil, cede. Se diría que la gran cama de Armanda la ocupa toda ella. A una lado está acostado su marido Lilín. Lilín tiene que esperar a que el último cliente se marche para poder meterse en la cama. No hay nada en el mundo que Lilín sepa o quiera hacer. Le basta tener para fumar. Armanda no puede decir que Lilín le cueste, salvo los paquetes que fuma a lo largo del día y el litro de vino que se zampa en la tienda de vinos por la noche; último lugar de visita después de haber recorrido todos los talleres donde pasa la jornada sentado en banquillos escuchando a todos como un espía. Sale, su mujer anda todavía buscando clientes en la avenida. Desemboca por una esquina, suelta un silbido suave, unas pocas palabras para decirle que ya es tarde, que se vaya a dormir. Sin mirarlo, el cuerpo de vieja en el vestidito de muchacha, que contesta que no, que todavía hay gente que pasa, que se vaya y espere. Así se cortejan todas las noches.
-¿Qué pasa, Gim?
Gim ha encontrado cigarrillos sobre la cómoda y enciende uno.
-Necesito pasar la noche aquí.
-Sí, Gim, ven a la cama guapo. Tú vete al sofá, Lilín, anda, guapo, sal, deja que Gim se acueste.
Baja de la cama, coge su almohada, una manta, el tabaco sobre la cómoda, el papel, los fósforos,el cenicero.
Gim se desviste fumando, lleva los cigarrillos de la cómoda a la mesita de noche, los fósforos, el cenicero, se mete en la cama. Armanda apaga la luz y Lilín duerme en el pasillo.
Llaman a la puerta. Con una mano Gim toca el revolver que lleva en el bolsillo de la chaqueta.
-Pregunta quién es, Lilín.
-¿Quién es?
-Eh, Armanda, soy yo, Ángelo.
-¿Qué Ángelo?
-Ángelo, el sargento, pasaba por aquí y se me ocurrió que podría subir... ¿puedes abrir un minuto?
Gim ha salido de la cama. Abre la puerta del cuarto de baño y mete la silla con su ropa.
-Nadie me ha visto. Despáchalo rápido-. Gim se encierra en el cuarto de baño.
-Ven Lilín, guapo, métete otra vez en la cama.
-Vamos, Armanda, no me hagas esperar.
Lilín recoge manta, almohada, tabaco, fósforos,cenicero, papel de liar y vuelve a la cama. Armanda desde la cama tira del cordel y abre la puerta.
-Andas de paseo hasta tarde, sargento.
-Uf, daba una vuelta y se me ocurrió hacerte una visita. Una visita corta, simplemente. ¿Alguna novedad?
-¿Qué novedad?
-¿No habrás visto Albanesi, por casualidad?
-¿Gim? ¿En qué se ha metido?
-Nada. Le queríamos preguntar algo. ¿Lo has visto?
-Hace dos horas que duermo sargento. Vete a ver a sus amigas: la Rosy, la Nilde, Lola...
-Es inútil: cuando hace una burrada, se larga. Bueno, Armanda, preguntaba simplemente. Estoy contento de haberte visto.
-Buenas noches, sargento.
-Buenas noches. Oye, ya es de mañana y no voy a seguir dando vueltas. Ir a meterme en aquel camastro, no me dan ganas. Ya que estoy, casi me gustaría quedarme,¿eh, Armanda?
-Para decir la verdad he terminado de recibir, cada uno tiene su horario, sargento.
El sargento ya se ha quitado la chaqueta y la camiseta.
-Es para esperar la mañana, comprendes, Armanda. Anda, hazme un lugar.
-Anda, Lilín, guapo.
Lilín se incorporó quejándose, salió de la cama, cogió la manta, la almohada, el paquete de tabaco, los fósforos, el papel de fumar.
Gim en el cuarto de baño veía que el cielo se iba poniendo verde. Lo malo era que había olvidado los cigarrillos sobre la mesita de noche. Esperar allí otras dos o tres horas sin cigarrillos, en aquel cuchitril...¡quién le obligaba! Claro: lo dejarían salir en seguida. Abrió un armario. Metió el revólver en el bolsillo de un abrigo de piel. Gim abrió la puerta y se dirigió al dormitorio.
-Vamos , sargento, no te hagas el tonto. Deténme.
-¿Quién anda ahí?
-Gim Bolero.
-¡Arriba las manos!
-Estoy desarmado, sargento, no seas tonto. Me entrego.
-Oh, Gim.
-Dentro de unos días paso a verte.
-Maldito servicio... No se puede estar nunca tranquilo.
Gim tomó los cigarrillos de la mesita de noche, encendió uno, metió el paquete en el bolsillo.
-Dame uno, Gim.
Gim le puso un cigarrillo en la boca, lo encendió, ayudó a Soddu a ponerse la chaqueta.
-Vamos, sargento.
-Otra vez será, Armanda.
-Hasta pronto, Ángelo. Chao, Gim.
En el pasillo, Lilín dormía aferrado al borde del desvencijado sofá; ni siquiera se movió. Armanda fumaba sentada en la gran cama.
-Lilín, ven, anda, Lilín, guapo, ven a la cama.
Lilín cogía ya el cenicero, la almohada, el tabaco, el papel de fumar, los fósforos...