La incógnita X.

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Nos conocimos cuando las cuchillas de afeitar nos duraban 15 días y el Teatro de la Jácara de Sevilla estrenaba su primera obra, “El relevo” de Gabriel Celaya. Después de años sin vernos, nos hemos reencontrado gracias a este relato que pertenece a su libro “Teatromático”, editorial Nivola. ¡Un relato matemático! Las cosas que se le ocurren... No se lo pierdan. En persona Ismael Roldán Castro, el Luci.





LA INCÓGNITA “X”


-Hoy es un gran día para la comunidad científica y periodística tan excelentemente representada en este Acto. Ustedes van a ser testigos de una primicia de carácter mundial. Por primera vez ante el público y los medios de comunicación.... un Ilustre Ente Matemático con siglos de existencia ha tenido a bien presentar aquí y ahora, un informe sobre sí mismo. Aunque les parezca Increíble e incluso paranormal, es cierto. Con ustedes….LA INCÓGNITA X .


-Señoras, señores, gracias a una poción mágica que algún día revelaré y que la ecuación a la que pertenezco me enseñó, he aprendido a abandonar el papel, plano habitual de mi existencia, para alcanzar la triple dimensión del cuerpo, los sonidos, la voz humana y así poder presentarme hoy ante ustedes.


Para empezar, créanme, me quedé fascinada nada más descubrir la geometría de mi símbolo: Dos segmentos que se cortan con ángulos iguales opuestos por el vértice........Sin embargo, lo que más me sorprende es lo enigmática que soy...


Miren, llevo una frenética existencia. Siempre metida en ecuaciones soy consciente de la turbación que causo a tantos inocentes cuando tratan de despejarme.....o, despojarme, porque al fin y al cabo de lo que se trata es de averiguar a qué personaje numérico estoy representando: el espacio, el tiempo, el volumen, la edad o el mismísimo dinero. Comprenderán ahora por qué el teatro es mi ámbito existencial por excelencia. Cuando alguien resuelve mi enigma siento una liberación como si al desnudo me dejasen y entonces, sólo entonces, aparezco nítida y cierta mostrando mis más íntimas esencias....
Llevo, eso sí, una vida fatigosa. Constantemente manipulada, las incógnitas vivimos maltratadas y vilipendiadas. Salvo en las ecuaciones de primer grado en las que, como saben, mi exponente es la unidad, en las demás suelo vivir auténticos tormentos. Por ejemplo, en las ecuaciones de segundo grado incompletas me obligan a entrar innecesariamente en la cárcel de una fórmula. Y como la memoria de mis manipuladores falla sistemáticamente, la errónea expresión conduce a disparates antológicos.



Pero hay algo que me fastidia especialmente. No soporto que al primer miembro de mi mundo le hagan cualquier operación matemática y me dejen al otro miembro intacto. Piensen que como incógnita que estoy en ambos lados no puedo permanecer impertérrita ante semejantes injusticias y desatinos.


¡Y qué contarles de mi vida conyugal! A veces las incógnitas cohabitamos en parejas y recibimos los nombres X e Y igual que los cromosomas de vuestros sexos, ¡qué coincidencia! Cuando reina una rígida armonía y los problemas tienen solución única entonces llaman a estas familias “compatibles determinadas”,convivencia un poquito aburrida. Pero cuando se respira libertad, las soluciones son infinitas. Las denominan “compatibles indeterminadas”,familias bastante felices. Sin embargo, también formamos parejas en convivencia infernal. Casos que no tienen solución conocidos como “incompatibles”. ¡Qué calvario estar toda la vida con una incógnita con la que no puedas compartir sentimientos ni ilusiones! Por ello hemos decidido formar la A.I.F. (Asociación de Incógnitas Fastidiadas) para reivindicar nuestros derechos ante las editoriales de forma que nos permitan divorciarnos pacíficamente y formar otras familias con cierta compatibilidad donde sea factible algo de felicidad.


Las incógnitas estamos convencidas de que el ser humano es cruel. Desde que se les ocurrió introducirnos en la vorágine cibernética hemos perdido el contacto con la realidad y la textura de nuestra existencia en el papel cada vez se ve más seriamente amenazada. Un colectivo de nosotras anda por ahí de bit en bit con una extraña sensación de serlo todo y no ser nada. Carne de simulación, ingentes cantidades de seres impelidos por buses de vía ancha que buscan desesperádamente la luz de una pantalla o emerger por la impresora.