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El cuento de Carlo Fabretti, La princesa está triste, toma como punto de partida los versos de la Sonatina célebre de Rubén Darío para jugar con la causa o el por qué de la pena que aqueja a tan real dama. Un juego alocado de ideas que hemos querido reflejar en el audio que hoy os traemos interpretado por los alumnos de 5º B de Primaria del CEIP San Sebastián de La Puebla del Río, los chicos de la maestra Pepa.
El maestro cuentacuentos cambia dando el protagonismo de muchas de sus historias a los chicos, que actuarán como intérpretes de ellas. Éste es el primero de los relatos así programados.

Reparto:
Cortesano: José Franco.
Cortesana: Alba Caro.
Narrador 1: Nicolás Montijano.
Narradora: Mª Eugenia Carmona.
Narrador 2: José Antonio Lamas.

Músicas: Adragante, Sergey Kovchik, Van Syla y Le collectif unifie de la crecelle (Jamendo).









La princesa está triste.
(Carlo Frabetti. Adaptado)

Cortesano: !La princesa está triste!
Cortesana: ¿Qué tendrá la princesa?
Todos: ¡Oh, pobre princesa!

Narrador 1º: La cosa era para estar preocupados.
Narradora: Y sorprendidos.
Narrador 1º: Porque la princesa era joven, hermosa, inteligente...
Narradora: Tenía todo lo que una chica de su edad podía desear
Narrador 2º: Y más. Mucho más.
Narradora: De modo que a la pregunta...:
Todos: ¿Qué tendrá la princesa?
Narradora: Se podría contestar diciendo que la princesa lo tenía prácticamente todo.

Narrador 2º: Tenía más cosas de las que tú podrías pedir en un día.
Narrador 1º: Imagínate que te pasas un día entero pidiendo cosas a la mayor velocidad posible. Algo así como:
Narradora: Quiero una bicicleta unos patines una pelota un caballo un canguro un elefante un barco un globo un submarino un cofre lleno de monedas de oro una bossa de canicas una casita de chocolate un circo de pulgas una piscina una cama elástica un trapecio un columpio una cometa un teatro de marionetas...
Narrador 1º: Sin comas ni nada, para poder pedir más cosas por minuto.
Narrador 2º: Pues bien, si te pasaras un día entero pidiendo cosas sin parar y te las dieran todas, no tendrías tantas cosas como nuestra princesa.

Narradora: Algunas de las cosas de la lista anterior no las tenía, claro, pues era una princesa de las antiguas, de la época de los castillos y los caballeros andantes.
Narrador 2º: No tenía bicicleta, pues aún no se había inventado, y, por la misma razón, no tenía un globo ni un submarino.
Narrador 1º: No tenía un canguro, porque aún no se había descubierto Australia, que es donde viven los canguros.
Narradora: Tampoco tenía una casita de chocolate, pues aún no se había descubierto América, que es de donde procede el cacao.
Narrador 2º: Pero como la princesa nunca había oído hablar de las bicicletas ni de los globos ni de los submarinos, ni de los canguros ni del chocolate, no podía desear ni echar de menos ninguna de esas cosas.
Narrador 1º: Y tampoco podía echar de menos las otras cosas, las que sí se conocían en su época, porque las tenía todas.

Narradora: Cuando los pajes y las doncellas se preguntaban:
Todos: ¿Qué tendrá la princesa?
Narradora: La pregunta era, en realidad:
Todos: ¿Qué no tendrá?
Narradora: Es decir:
Todos: ¿Qué le faltará?
Narradora: Y la respuesta, como acabamos de ver, era...
Todos: Nada.
Narrador 2º: No le faltaba nada, puesto que lo tenía todo.
Narrador 1º: Pero entonces, ¿por qué estaba triste?

Narradora: Puede que estés pensando que a lo mejor estaba triste porque, a pesar de tenerlo todo, o casi todo, no le hacían caso o no la atendían debidamente.
Narrador 2º: Pero no era así. En absoluto. La princesa tenía una legión de doncellas. Una se ocupaba de su cabello.
Narrador 1º: Otras dos, de sus ojos (una del ojo derecho y otra del izquierdo).
Narrador 2º: Dos más, de sus orejas (una de la oreja derecha y otra de la izquierda).
Narrador 1º: Otra, de su nariz.; otra de su boca de fresa; otra de su cuello...
Narrador 2º: Otras dos, de sus manos (una de la mano derecha y otra de la izquierda), y así sucesivamente.

Narradora: La princesa dormía sobre siete colchones de plumas, uno encima del otro. Se bañaba cada mañana en agua de rosas. Tenía un guardarropa con vestidos de todos los colores, incluidos uno del color de la luna y otro del color del sol.
Narrador 2º: Comía todos los días a la carta; mejor dicho, a la baraja, pues podía elegir entre cuarenta cartas diferentes, en cada una de las cuales había más de cien platos...


Narrador 1º: Pero estaba triste.
Narradora: Nunca reía.
Narrador 2º: Ni siquiera sonreía.

Todos: La princesa está triste.
Narrador 1º: Comentaba la gente en las calles y las plazas del reino, en las posadas y los mercados.
Todos: ¿Qué tendrá la princesa?
Narradora: Se preguntaban todos. Y nadie sabía la respuesta.