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Relatos Largos.

La nieve cae lentamente. Yona, el cochero, espera, adormilado en el pescante de su trineo. La tarde se presenta mal. Sólo dos servicios. Los suficientes para que Chejov nos lleve con el latir humano de su narración al corazón desolado y triste del protagonista, un habitante más del páramo de sentimientos que le rodea. Yona, no puede más. Debe irse a acostar. La escena final, su poderosa imagen, es de una ternura infinita.
La tristeza, sin más, sin adjetivos -no los necesita- de Antón Pávlovich Chéjov, uno de los grandes.


Reparto:
Narradora: Antonia de Miguel.
Militar/Portero: Javier Merchante.
Cocheros 1, 2 y 3/Transeunte: Jesús Rosas.
Yona: Daniel Palacio.
Joven 1º: David Arnaiz.
Joven 2º: Pablo Domínguez.
Jorobado: Gabriel Vicente.

Músicas: Alicia Sevilla (Jamendo)





La tristeza.
(Anton Chejov. Adaptación)

Narrador: La capital está envuelta en las penumbras vespertinas. La nieve cae lentamente en gruesos copos. El cochero Yona está todo blanco, como un aparecido. Sentado en el pescante de su trineo, encorvado el cuerpo cuanto puede estarlo un cuerpo humano, permanece inmóvil.

Hace mucho tiempo que Yona y su caballo permanecen inmóviles. Han salido a la calle antes de almorzar; pero Yona no ha ganado nada.

Militar: ¡Cochero!¡Llévame a Viborgskaya!

Narrador: Yona se estremece. A través de las pestañas cubiertas de nieve ve a un militar con impermeable.

Militar: ¿Oyes? ¡A Viborgskaya! ¿Estás dormido?

Cochero 1: ¡Ten cuidado! ¡Nos vas a atropellar, imbécil! ¡A la derecha!

Militar: ¡Vaya un cochero! ¡A la derecha!
Transeunte: ¡Maldito cochero! ¿Mira por donde vas, imbécil! ¡Que el diablo te lleve!

Militar: ¡Se diría que todo el mundo ha organizado una conspiración contra ti! Todos procuran fastidiarte, meterse entre las patas de tu caballo. ¡Una verdadera conspiración!
Yona: ¡Mmm! ¡Eh...!

Militar: ¿Qué hay?

Yona: Ya ve usted, señor... He perdido a mi hijo... Murió la semana pasada...

Militar: ¿De veras?... ¿Y de qué murió?

Yona: No lo sé... De una de tantas enfermedades... Ha estado tres meses en el hospital y a la postre... Dios que lo ha querido.

Cochero 2: ¡A la derecha! ¡Parece que estás ciego, imbécil!

Militar: ¡A ver! Ve un poco más aprisa. A este paso no llegaremos nunca. ¡Dale algún latigazo al caballo!

Narrador: Se vuelve repetidas veces hacia su cliente, deseoso de seguir la conversación; pero el otro ha cerrado los ojos y no parece dispuesto a escucharle.

Por fin, llegan a Viborgskaya. El cochero se detiene ante la casa indicada. Yona vuelve a quedarse solo con su caballo. Se estaciona ante una taberna y espera, sentado en el pescante, encorvado, inmóvil. De nuevo la nieve cubre su cuerpo y envuelve en un blanco cendal caballo y trineo.

Una hora, dos... ¡Nadie! ¡Ni un cliente!

Joven 1:¡Cochero, llévanos al puesto de policía! ¡Veinte copecs por los tres!

Joven 2: ¡Sólo hay dos asientos!
Joven 1: ¡Tú iras de pie!
Jorobado: ¿Por qué siempre me ha de tocar a mi la peor parte?
Joven 2: En este caso porque eres el más bajo.
Joven 1: Y como siempre por jorobado... ¡Jajaja!

Jorobado: ¡Siempre estamos con lo mismo!¡Bueno; en marcha! ¡Qué gorro llevas, muchacho! Me apuesto cualquier cosa a que en toda la capital no se puede encontrar un gorro más feo...

Yona: ¡El señor está de buen humor! Mi gorro...

Jorobado: ¡Bueno, bueno! Arrea un poco a tu caballo. A este paso no llegaremos nunca. Si no andas más aprisa te administraré unos cuantos sopapos.

Joven 1:Me duele la cabeza. Ayer, yo y Vaska nos bebimos en casa de Dukmasov cuatro botellas de caña.

Joven 2:¡Eso no es verdad! Eres un embustero, amigo, y sabes que nadie te cree.

Joven 1: ¡Palabra de honor!

Joven 2: ¡Oh, tu honor! No daría yo por él ni un céntimo.

Yona: ¡Ji, ji, ji!... ¡Qué buen humor!

Jorobado: ¡Vamos, vejestorio! ¿Quieres ir más aprisa o no? Dale de firme al gandul de tu caballo. ¡Qué diablo!

Narrador: Yona agita su látigo, agita las manos, agita todo el cuerpo. A pesar de todo, está contento; no está solo. Le riñen, lo insultan; pero, al menos, oye voces humanas.

Yona: Y yo, señores, acabo de perder a mi hijo. Murió la semana pasada...

Jorobado: ¡Todos nos hemos de morir! ¿Pero quieres ir más aprisa? ¡Esto es insoportable! Prefiero ir a pie.

Joven 2: Si quieres que vaya más aprisa dale un sopapo.

Jorobado: ¿Oye, viejo, estás enfermo? Te la vas a ganar si esto continúa. ¡Corre, imbécil,uhmm!

Yona: ¡Ji, ji, ji! ¡Dios les conserve el buen humor, señores!

Joven 1: Cochero, ¿eres casado?

Yona: ¿Yo? !Ji, ji, ji! ¡Qué señores más alegres! No, no tengo a nadie... Sólo me espera la sepultura... Mi hijo ha muerto; pero a mí la muerte no me quiere. Se ha equivocado, y en lugar de cargar conmigo ha cargado con mi hijo.

Jorobado: ¡Por fin, hemos llegado!

Narrador: Torna a quedarse solo con su caballo. La tristeza invade de nuevo, más dura, más cruel...

Su tristeza a cada momento es más intensa. Enorme, infinita, si pudiera salir de su pecho inundaría al mundo entero.

Yona ve a un portero que se asoma a la puerta con un paquete y trata de entablar con él conversación.

Yona: ¿Qué hora es?

Portero: Van a dar las diez. Aléjese un poco: no debe usted permanecer delante de la puerta.

Narrador: Se ha convencido de que es inútil dirigirse a la gente. Pasa otra hora. Se siente muy mal y decide retirarse.

Yona: No puedo más. Hay que irse a acostar.

Narrador: Una hora después Yona está en su casa, es decir, en una vasta y sucia habitación, donde, acostados en el suelo o en bancos, duermen docenas de cocheros. La atmósfera es pesada, irrespirable.

En un rincón, un joven cochero se incorpora. Se rasca el seno y la cabeza y busca algo con la mirada.

Yona: ¿Quieres beber?

Cochero 3: Sí.

Yona: Aquí tienes agua... He perdido a mi hijo... ¿Lo sabías?... La semana pasada, en el hospital... ¡Qué desgracia!

Narrador: Experimenta una necesidad imperiosa, irresistible, de hablar de su desgracia. Casi ha transcurrido una semana desde la muerte de su hijo; pero no ha tenido aún ocasión de hablar de ella con una persona de corazón. Quisiera hablar de ella largamente, contarla con todos sus detalles. Necesita referir cómo enfermó su hijo, lo que ha sufrido, las palabras que ha pronunciado al morir. Quisiera también referir cómo ha sido el entierro... ¡Tiene tantas cosas que contar! ¡Qué no daría él por encontrar alguien que se prestase a escucharlo, sacudiendo compasivamente la cabeza, suspirando, compadeciéndolo! Yona decide ir a ver a su caballo.El caballo, inmóvil, come heno.

Yona: ¿Comes? ¿Qué se le va a hacer, muchacho? Como no hemos ganado para comprar avena hay que contentarse con heno... Soy ya demasiado viejo para ganar mucho... A decir verdad, yo no debía ya trabajar; mi hijo me hubiera reemplazado. Era un verdadero, un soberbio cochero; conocía su oficio como pocos. Desgraciadamente, ha muerto... Sí, amigo..., ha muerto... ¿Comprendes? Es como si tú tuvieras un hijo y se muriera... Naturalmente, sufrirías, ¿verdad?...

Narrador: El caballo sigue comiendo heno, escucha a su viejo amo y exhala un aliento húmedo y cálido. Yona, escuchado al cabo por un ser viviente, desahoga su corazón contándoselo todo.