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A partir de 8 años.
El tema de un chico espabilado que saca de apuros a su señor aparece de varias formas narrado. Pero siempre se responde de forma ingeniosa a tres preguntas formuladas al principio del relato. Tres personajes mueven la historia -rey o arzobispo, capitán o cura, y soldado o sacristán- que representan distintos grados de poder y prestigio social. Del poder absoluto a la nada. Sin embargo, el ingenio y la sabiduría popular están representados por el más peldaño más débil de la escala.
Como si fuera un cante de ida y vuelta, algunos alumnos de la escuela de doblaje Atril, respondieron a la visita que yo les giré visitando y grabando en mi estudio. Este relato que hoy os traemos es fruto del encuentro.

Ficha de audio y vídeo:
Narradora: Cecilia Cano.
Rey: Rafael Cañete.
Capitán: Carlos Pérez.
Soldado: Enrique Rodríguez.
Músicas: Sergey Kovchiv (Jamendo).
Ilustraciones: Tino Gatagán (Algaida).










Las tres preguntas.
(Antonio Rodríguez Almodóvar. Adaptado)

Narrador: Había una vez un capitán de los ejércitos del rey que vivía tan feliz y contento, sin ninguna preocupación, que un día colocó un cartel en la puerta de su casa que decía así: “Aquí vive el capitán sin cuidados”. Aquel cartel llegó a oídos del rey y éste lo hizo llamar.
Rey: Vamos a ver, ¿por qué dice usted que es un general sin cuidados?
Capitán: Ay, majestad, que yo no sabía que pudiera hacer daño a nadie con esa frase.
Rey: Pues para que tenga más cuidado, para que tenga en qué preocuparse, le voy a hacer tres preguntas. Y, si en el término de tres días no me las contesta, le quitaré el empleo de capitán y lo mandaré como soldado raso al frente de batalla.
Capitán: Lo que ordene su Majestad.
Rey: La primera es cuánto valgo yo. La segunda, en cuánto tiempo se puede dar la vuelta al mundo; y la tercera, ¿hay alguna verdad mentira?
Narrador: Se volvió para su casa muy preocupado y se pasó el día sin hablar y sin querer hablar con nadie. Tenía este capitán un soldado que hacía las tareas de asistente y que era muy espabilado; al verlo tan cabizbajo le dijo:
Soldado: Perdone, mi capitán, ¿le pasa algo? ¿Quiere que le prepare una buena cena para aliviarle las penas? ¿Prefiere mejor un afeitado apurado? ¿Le limpio las botas?
Capitán: No, muchacho, no. Déjame tranquilo.
Narrador: Tanto insistió el soldado que el capitán le contó lo que había pasado y las tres preguntas que debía responder ante el rey.
Soldado: ¿No es más que eso? Pues pierda usted cuidado, que yo se lo arreglo todo, mi capitán. Sólo tiene que prestarme sus ropas que yo sabré responderle adecuadamente a su Majestad.
Narrador: Conque al día siguiente se presenta ante rey...
Rey: Y bien, capitán, ¿cuánto valgo yo?
Soldado: Majestad, si a Jesucristo lo vendieron por treinta monedas, a su Majestad lo dejaremos en veintinueve.
Rey: Está bien, hombre, está bien. Ahora va la segunda: ¿en cuánto tiempo se puede dar la vuelta al mundo?
Soldado: Pues en el caballo de carrera que es el sol, en veinticuatro horas, Majestad.
Rey: Vaya, vaya, muy ingenioso... Está bien. Vamos por la tercera, capitán “sin cuidados”: dígame una verdad mentira.
Soldado: Pues una verdad mentira es que creéisestar hablando con un capitán, el capitán “sin cuidados” y estáis hablando con un simple soldado que es el recadero, el cocinero y el limpiabotas del capitán “sin cuidados”.
Narrador: Y le hizo tanta gracia al rey, que perdonó al capitán, pero a cambio se quedó con tan espabilado soldado. Y colorín colorado este descuidado cuento se ha acabado.