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Oskar Herrburth

A partir de 8 años.
Un matrimonio tiene siete hijos y ninguna hija. Anhelan tener una y se satisface su deseo. Un pequeño incidente al recoger el agua para bautizarla provoca que se efectúe una maldición verbalizada por el padre. Ya está iniciado el cuento...Como en casi todos los relatos infantiles, un pequeño cuadro de situación al principio tras las palabras de mágicas -”Había una vez...”- y a desarrollar la historia.Con vosotros, Los siete cuervos, de los hermanos Grimm, grabado en 2.016 con los alumnos de reciclaje de Atril, escuela de doblaje de Sevilla.
Ficha de audio:Texto: J. y W. Grimm.Narrador: Juan José Ruiz.Padre: Javier Merchante.Vecina, Niña, Estrella: María López.Luna: Pepa Carrasco.Enanito: Enrique Rodríguez.Cuervos: Carlos Pérez, Juan José Ruiz, Enrique Rodríguez y Quique Carneado.Músicas: Shostakovich - Cuarteto de cuerdas No. 8.Ilustraciones: Oskar Herrfurth.








Los siete cuervos.
(Grimm)
Narrador: Había una vez un hombre que tenía siete hijos, y no tenía ninguna hija, aunque deseaba tener una. Por fin su esposa concibió y dio a luz una niña. La pequeña era tan enfermiza que tuvieron que bautizarla en casa. El padre envió a uno de sus muchachos con una jarra a que fuera de prisa al pozo para que trajera agua para el bautizo. Los otros seis lo acompañaron, y como cada uno quería ser el primero en llenarla, discutieron y se les cayó la jarra en el pozo.
Se quedaron paralizados, y no sabían que hacer, y ninguno quería volver a la casa. Como ellos no retornaban, el padre se impacientó y dijo:
Padre: ¡De seguro se quedaron jugando y olvidaron su deber, esos irresponsables muchachos! ¡Desearía que todos se convirtieran en cuervos!
Narrador: Un escandaloso ruido de alas en el aire se escuchó sobre su cabeza y vio a siete negros cuervos alejándose. Los padres, muy tristes por la pérdida de sus siete hijos, se consolaban con la existencia de su pequeña hija, que pronto se restableció y fue creciendo sana y bondadosa.
Ella no supo que tenía hermanos, pues sus padres se cuidaron de no mencionarlo. Pero un día, accidentalmente escuchó a otra gente hablando de ella:
Vecina: ¡Pobre muchacha! Es encantadora. Será mejor que siga sin saber que ella fue la culpable de la mala fortuna que tuvieron sus siete hermanos.
Narrador: Entonces preguntó a sus padres si era cierto que ella tenía hermanos, y qué había sido de ellos. Los padres no pudieron ocultar más el secreto. La joven pensó que tenía que salvar a sus hermanos y un día se marchó secretamente para encontrar la pista de sus hermanos y liberarlos, le costara lo que fuera. No llevaba nada con ella, a excepción de un pequeño anillo de sus padres como amuleto, un bollo de pan contra el hambre, una pequeña botella de agua contra la sed y una pequeña silla como provisión contra el cansancio.
Y ella avanzaba continuamente hacia adelante, lejos y más lejos, hacia el puro final del mundo. Y llegó hasta donde el sol, pero era muy caliente y terrible. Rápidamente ella corrió, y fue hacia la luna, pero era muy helada, y también horrible y maliciosa, y cuando la vio a ella, dijo:
Luna: Me huele, me huele a carne humana.
Narrador: Escapó velozmente y llegó hasta las estrellas, que fueron amables y buenas. Cada una de ellas estaba sentada en su propia sillita particular. Pero la estrella matutina se levantó, y le dio el hueso de una pata de pollo, y dijo:
Estrella: Si tú no tienes ese hueso, no podrás abrir la Montaña de Cristal, y es en esa montaña donde están tus hermanos.
Narrador: La joven tomó el hueso de pollo, lo envolvió cuidadosamente en una manta, y siguió adelante hasta llegar a la Montaña de Cristal. La puerta estaba cerrada, y pensó que debería sacar el hueso, pero cuando desenvolvió la manta, estaba vacía, y se dio cuenta de que había perdido el regalo de la buena estrella.
¿Qué debería hacer ahora? Ella deseaba rescatar a sus hermanos, y no tenía la llave de la Montaña de Cristal. La buena hermana tomó un cuchillo, cortó uno de sus pequeños dedos, lo puso en la puerta y exitosamente se abrió. En cuanto entró, un pequeño enano se le acercó y le dijo:
Enano: Mi muchachita, ¿qué andas buscando?
Niña: Busco a mis hermanos, los siete cuervos.
Enano: Los señores cuervos no están en casa, pero si quieres esperar hasta que regresen, pasa, adelante.
Narrador: Enseguida el pequeño enano trajo la comida de los cuervos y la pequeña hermana comió una pizca de cada plato, y un pequeñito sorbo de cada vaso, pero en el último vaso dejó caer el anillo que ella había cargado consigo. De pronto se oyó el aleteo de alas y un zumbido por el aire:
Enano: ¡Ahora los señores cuervos están llegando a casa!
Narrador: Y ellos llegaron, buscaron sus pequeños platos y vasos. Entonces se dijeron unos a otros:
Cuervo 1: ¿Quién habrá comido algo de mi plato?
Cuervo 2: ¿Quién habrá bebido algo de mi vaso?
Cuervo 3: ¡Es la huella de una boca humana!
Narrador: Y cuando el séptimo llegó al fondo de su vaso, el anillo rodó contra su boca. Entonces lo miró, y vio que era el anillo que pertenecía a su padre y madre.
Cuervo 7: ¡Alabada sea nuestra suerte! Si nuestra hermana se encuentra aquí, estaríamos salvados.
Narrador: Cuando la joven, que se había quedado observando detrás de la puerta, escuchó el deseo, se acercó a ellos, y en ese instante los cuervos retornaron a su forma humana de nuevo. Y se abrazaron y besaron, y regresaron felizmente a su casa.