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Relatos Largos.
Poirot infringe la ley es un relato adaptado de Agatha Christie. El personaje de Hercule Poirot se basa en un detective ficticio de nacionalidad belga refugiado en Inglaterra a raíz de la ocupación alemana de su país durante la primera guerra mundial. Retirado, ejerce la investigación sobre los casos más diversos confiando toda su artillería a sus “pequeñas células grises”.En este caso, lady Millicent solicita sus servicios para recuperar una carta comprometedora...
Ficha de audio:
Narrador/Hastings: Daniel Palacio.
Poirot: José Manuel Argon.
Lady Millicent: Antonia Zurera.
Lavington: Javier Merchante.
Japp: Pablo Domínguez.
Sobre un de texto de Agatha Christie.
Músicas: Gregoire Lourme (Jamendo).



Poirot infringe la ley.
(Ágatha Christie. Adaptado)
Hastings/N: Había observado que desde hacía una temporada, Poirot se mostraba descontento e intranquilo. Llevábamos algún tiempo sin resolver casos de importancia, de esos en los que mi pequeño amigo ejercitaba su agudo ingenio y sus notables facultades deductivas. Aquella mañana de Julio, dobló el periódico que leía y exclamó:Poirot: ¡Bah! Los criminales de toda Inglaterra me temen, Hastings. Si el gato está presente, los ratones no se interesan por el queso.Hastings: Imagino que la mayor parte de ellos ni siquiera conocen su existencia. ¿Qué opina del reciente robo de joyas en pleno día en la calle Bond?Poirot: Un trabajo muy limpio, estoy de acuerdo, pero no es de mi gusto. Un hombre provisto de un bastón rompe el cristal del escaparate de una joyería y coge unas cuantas piedras preciosas. Unos viandantes logran detenerlo en flagrante delito y, acto seguido, aparece un agente de la autoridad. En la comisaría, se comprueba que las piedras son falsas. ¿Qué ha sucedido? Nada de particular simplemente, que el ladrón ha cambiado las auténticas, entregándoselas a un cómplice mezclado entre los honrados ciudadanos que lo detuvieron. Irá a la cárcel, cierto, pero cuando salga le espera una pequeña fortuna. No, no está mal planeado, si bien yo lo hubiera hecho mucho mejor. A veces, Hastings, me fastidian mis escrúpulos. Pienso que debe ser agradable enfrentarse a la ley, aunque sólo sea en una aventura, por diversión.Hastings: Alégrese, Poirot. Usted sabe que es único en su especialidad.Poirot: ¿Sí? Bien. ¿Ha sucedido algo apropiado para mi especialidad?Hastings: Un inglés misteriosamente asesinado en Holanda.Poirot: Siempre dicen eso. Más tarde descubren que se comió el pescado en malas condiciones y que su muerte fue perfectamente lógica.Hastings: Compruebo que hoy tiene espíritu de contradicción.Poirot: En la calle veo lo que en lenguaje novelístico llaman «una dama tupidamente envelada». Sube la escalinata, toca el timbre… viene a consultarnos. Intuyo algo interesante. Una mujer joven y bonita como esa no oculta su rostro con un velo, excepto si el asunto es de gran importancia.Hastings/N: Un minuto más tarde, la joven se hallaba ante nosotros. L. Millicent: Monsieur Poirot, me encuentro en un gran apuro. Y si bien temo que no pueda ayudarme, he oído de usted tantas maravillas que, como última esperanza, vengo a suplicarle un imposible.Poirot: Un imposible me seduce siempre. Continúe, se lo ruego,mademoiselle.Ante todo, séame sincera. No deje a oscuras ningún punto.L. Millicent: Confiaré en usted. ¿Ha oído hablar de lady Millicent Castle Vaugchan?Hastings/N: El compromiso matrimonial de lady Millicent con el joven duque de Southshire había sido publicado en la prensa unos días antes. Era la quinta hija de un arruinado par irlandés, mientras que él estaba considerado como uno de los mejores partidos de Inglaterra.L. Millicent: Soy lady Millicent. Posiblemente habrá leído acerca de mi compromiso matrimonial. Debería ser una de las mujeres más felices de la tierra, pero… ¡oh, monsieur Poirot!, estoy muy preocupada. Existe un hombre, un hombre terrible, Lavington, y… no sé cómo explicarlo. Cuando apenas contaba dieciséis años, escribí una carta y él… él…Poirot: ¿Una carta escrita a Mr. Lavington?L. Millicent: ¡No, a él no! A un joven soldado de quien me había enamorado, pero que murió en la guerra.Poirot: Comprendo.L. Millicent: Es una carta estúpida, una carta indiscreta, pero… de veras, monsieur Poirot, nada más que eso. Sin embargo, encierra frases que… que podrían ser interpretadas erróneamente.Poirot: Y esa carta se halla en poder de Mr. Lavington, ¿verdad? L. Millicent: Sí, y a menos que le pague una fabulosa cantidad de dinero, una suma imposible para mí, se la enviará al duque.Hastings: ¡Cerdo indecente! Le ruego me excuse, lady Millicent.Poirot: ¿No sería preferible poner en antecedentes de ello a su futuro marido?L. Millicent: No me atrevo, monsieur Poirot. El duque es un hombre muy celoso, suspicaz y propenso a pensar lo peor. Esto podría arruinar nuestro compromiso.Poirot: Tranquilícese, milady. Veamos, ¿qué puedo hacer por usted?L. Millicent: Quizás sea más factible su ayuda si le pido a Mr. Lavington que le visite a usted. Puedo decirle que le he concedido poderes para tratar este asunto. Así tal vez logre reducir sus exigencias.Poirot: ¿Cuánto pide?L. Millicent: Veinte mil libras.., que no tengo. Incluso dudo de que me sea fácil reunir mil.Poirot: ¿Supongo que no hay duda alguna en cuanto a que realmente posee la carta?L. Millicent: Me la enseñó cuando estuve en su casa.Poirot: ¿Fue usted a su domicilio? ¡Gran imprudencia, milady!L. Millicent: ¡Estaba tan desesperada! Confié en que mis súplicas lo ablandarían.Poirot: Los hombres de esa calaña son inconmovibles ante las súplicas. Con ello sólo le ha demostrado cuánta importancia concede usted al documento. ¿Dónde vive tan agradable caballero?L. Millicent: En Buona Vista. Fui allí después del anochecer. Le amenacé con denunciarlo a la policía y se rió de mí. «¿De veras, mi querida lady Millicent? Hágalo si lo desea», fue la respuesta.Poirot: Desde luego, no es un asunto que deba llevarse a la policía.L. Millicent: «Espero que sea usted más sensata –añadió Lavington–. Mire, en esta pequeña caja china de madera guardo su carta.» La abrió y, al desplegar las hojas ante mí, quise cogerlas, pero él fue más rápido. Después de sonreírme cínicamente, las dobló y las puso de nuevo en la cajita de madera. «Aquí está completamente segura, no tema –me dijo–. Guardo la caja en un lugar secretísimo, jamás la encontraría.» Mis ojos se volvieron a la pequeña caja de caudales adosada a la pared y él sacudió la cabeza y rió: «Sé de un escondite mejor que éste.» ¡Oh, qué odioso! ¿Cree usted que podrá ayudarme?Poirot: Tenga fe en papá Poirot. Hallaré el modo.Hastings/N: Mr. Lavington nos visitó aquella noche. Lavington: Bien, caballeros. No puede decirse que hayamos llegado a un acuerdo. Ahora bien, tratándose de lady Millicent, una señorita encantadora, dejaremos la cosa en dieciocho mil libras. Hoy mismo me traslado a París… cuestión de pequeños negocios. Regresaré el martes. Si el dinero no me es entregado el martes por la noche, la carta llegará a manos del duque. No me digan que lady Millicent no puede conseguir esa suma. Cualquiera de sus amistades masculinas estaría más que dispuesta a favorecer a semejante belleza con un préstamo… si lo enfoca del modo adecuado.Poirot: Resulta curioso que expresara deseos de trabajar contra la ley, precisamente momentos antes de que lady Millicent viniera.Hastings: ¿Piensa registrar la casa de Lavington mientras se halla ausente? Poirot: A veces, Hastings, su proceso mental es sorprendentemente rápido.Hastings: ¿Y si se lleva la carta?Poirot: Es muy improbable. Todo hace pensar que posee un escondrijo en su hogar considerado por él como inexpugnable.Hastings: ¿Cuándo consumaremos el allanamiento de morada?Poirot: Mañana por la noche. Saldremos de aquí hacia las once.Hastings/N: Era medianoche cuando penetramos en un reducido jardín suburbano de Buona Vista. La casa se hallaba oscura y silenciosa. Poirot se encaminó directamente hacia una ventana de la parte trasera de la casa. La levantó sin hacer ruido y me invitó a entrar por ella.Hastings: ¿Cómo sabía que esta ventana se abriría?Poirot: Me cuidé de su cerrojo esta mañana. Me presenté como agente del inspector Japp y dije que me enviaba Scotland Yard para colocar unos cierres a prueba de robo solicitados por Mr. Lavington.El ama de llaves me dio toda clase de facilidades. Y ahora, manos a la obra. Los criados duermen en la parte alta de la casa, así que correremos poco peligro de molestarlos.Hastings: Imagino que la caja estará empotrada en alguna parte.Poirot: ¿Caja? ¡Pamplinas! Mr. Lavington es inteligente. Ya comprobará que tiene un escondite mas idóneo que una caja. Eso es lo primero que registran todos.Hastings/N: Iniciamos una investigación sistemática. Pero, tras varias horas de registrar la casa, nuestra búsqueda seguía siendo infructuosa. Comprobé que eran las cuatro y cuarto, por lo que el amanecer estaba próximo. Esto guió mis pasos a las regiones de la cocina. Para mi sorpresa, Poirot se hallaba dentro de la carbonera. Su pulcro traje claro estaba hecho una calamidad. Me sonrió al decirme:Poirot: Sí, amigo mío, estropear mi aspecto no me causa placer alguno, pero… ¿qué hubiera hecho usted?Hastings: Seguro que Lavington no ha enterrado la caja en el carbón.Poirot: Si usara sus ojos vería que no es el carbón lo que examino. Me intersan esos leños tan bien apilados. ¡Su cuchillo, Hastings!Hastings/N: Se lo entregué y lo insertó en un tronco, que se abrió en dos. En su centro, había sido tallada una cavidad. De aquella cavidad, Poirot sacó una pequeña caja de madera, de fabricación china.Hastings: ¡Estupendo!.Poirot: Calma, Hastings. No levante demasiado la voz. Vamos, salgamos antes de que la luz del día caiga sobre nosotros.Hastings/N: Después de la excitación de la noche, dormí hasta muy tarde. Cuando al fin entré en nuestro despacho, me sorprendió ver a Poirot apoyado en el respaldo del sillón con la caja china abierta a su lado, leyendo tranquilamente la carta que había sacado de ella.Poirot: Lady Millicent tenía razón. El duque jamás le hubiera perdonado esta carta. Contiene las expresiones de amor más extravagantes que jamás he leído.Hastings: Poirot, opino que nunca debió leer esa carta. Nadie medianamente educado lo hubiera hecho.Poirot: Pero sí Hercule Poirot. Se oyen pasos en la escalera. Lady Millicent, seguro.Hastings/N: El semblante de nuestra rubia cliente mostraba gran expresión de ansiedad, que se trocó en otra de delicia al ver la carta y la caja.L. Millicent: ¡Oh, monsieur Poirot, qué maravilloso es usted! ¿Cómo lo ha conseguido?Poirot: Con métodos bastante reprobables, milady. Pero Mr. Lavington no nos demandará. ¿Esta es su carta, verdad?L. Millicent: Sí. ¿Cómo podré agradecérselo? Es usted un hombre maravilloso, sencillamente maravilloso. Me guardaré la cajita también como recuerdo.Poirot: Milady, supuse que no tendría inconveniente en dejármela también como recuerdo.L. Millicent: Espero mandarle un recuerdo mucho mejor el día de mi boda. No seré desagradecida, monsieur Poirot.Poirot: Haberle sido útil es para mí un placer superior a cualquier talón bancario. Permítame que retenga la caja.L. Millicent: Por favor, monsieur Poirot, significa mucho para mí.Hastings/N: Lady Millicent alargó su mano, pero la de Poirot se cerró sobre la de ella.Poirot: Seguro.L. Millicent: ¿Qué significa esto? Poirot: En todo caso, permítame que saque el resto de su contenido. Observe cómo el espacio original ha sido reducido a la mitad. En la parte superior está la carta comprometedora, pero en el fondo…Hastings/N: Hizo un gesto ambiguo y sacó la mano. En ella aparecieron cuatro relucientes piedras y dos grandes y lechosas perlas blancas.Poirot: Las joyas robadas en la calle Bond el otro día, me imagino. Japp nos lo confirmara.Hastings/N: Mi sorpresa no tuvo límites cuando el mismo salió del dormitorio de Poirot.Poirot: Le presento a un viejo amigo suyo, según tengo entendido.L. Millicent: ¡Cazada! ¡Cínico viejo del demonio!Japp: Bien, mi querida Gertie. Esta vez ganamos nosotros. Ya hemos detenido a su compinche, el falso Lavington. En cuanto al auténtico, conocido también por el nombre de Corker, me gustaría saber quién de la banda lo apuñaló en Holanda el otro día. ¿Creyeron que se había llevado el botín con él, verdad? Les engañó como a novatos y lo ocultó en su propia casa. Y ustedes, al fracasar en la búsqueda quisieron engatusar a monsieur Poirot, quien tuvo más suerte y las encontró.L. Millicent: ¿Le gusta pavonearse, verdad? ¡Qué fácil le resulta ahora! Bien, seré buena. No podrá decir que no soy toda una dama.Hastings/N: Poirot me contó cuando estuvimos solos...Poirot: Los zapatos no encajaban. Según pequeñas observaciones sobre la vida, las costumbres y los gustos de los ingleses, una dama, una dama de verdad, se muestra siempre muy exigente con sus zapatos. Nuestra falsa lady Millicent lucía ropas elegantes y caras, pero zapatos de escaso valor.Ellos debieron pensar que ni usted ni yo conoceríamos a la auténtica lady Millicent y hemos de admitir que la jovencita se le parece lo suficiente para suplantarla con éxito.Bien, como le he dicho, sus zapatos despertaron mis sospechas, acrecentadas por su historia y el uso de tan melodramático velo. Supongo que la caja china con una carta comprometedora en su interior debía ser conocida por todos los miembros de la banda, pero no el leño hueco, una idea particular del difunto Lavington.Hastings, espero que nunca más herirá mis sentimientos como hizo ayer al decirme que soy desconocido entre el hampa londinense.¡Si hasta me contratan cuando ellos mismos fracasan!