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A partir de 3 años.
Una curiosa merienda es un cuento acumulativo, es decir, un cuento seriado donde existe una fórmula primera a la que se van añadiendo progresivamente otros elementos hasta construir una serie. Son cuentos que favorecen la escucha y la atención mediante la participación activa de la memoria.
En este caso, todos los participantes de la serie pertenecen al reino animal.
En las voces de los alumnos de 6º de Primaria del CEIP San Sebastián de La Puebla del Río (2.015/16) os dejo ya con Una curiosa merienda, que os aproveche.

Ficha de audio y vídeo:
Texto: Mariana Acosta.
Ilustraciones: Francesca Ratto.


Narradores: Pablo Ufano, Mª Eugenia Carmona y Helena Silva.
Abeja: Carlos Romero.
Flor: María Suárez.
Araña: Alejandra Almanza.
Grillo: Carlos Domínguez.
Sapo: Pepe Franco.
Serpiente: María Carmona.
Cernícalo: Juan Carlos Pineda.
Zorro: Andrea Santoyo.
Puma:Lucía Vélez.

Músicas: Vivaldi.










Una curiosa merienda.
( Mariana Acosta)


Narrador: Entre las hierbas de un bosque, cerca de un estanque había una flor roja y elegante.
Una mañana la abeja se posó sobre ella y le dijo:
Abeja: Disculpe flor distinguida y elegante, tengo un hambre apremiante, necesito comer su polen y volver a la colmena con vuelo danzante.
Flor: ¡Adelante!
Narrador: La abeja apenas había comenzado a extraer el polen de la flor, cuando intempestivamente llegó la araña y le dijo:
Araña: Disculpe señora abeja, pero las arañas comemos insectos y usted es uno de mis predilectos, tengo un hambre apremiante ¿podría ser usted mi merienda, sin que por ello se espante?
Narrador: La abeja la miró de reojo y le contestó malhumorada:
Abeja: Sé que soy su insecto predilecto pero aún estoy comiendo el polen de la flor elegante, tenga usted paciencia y no sea arrogante.
Narrador: La araña se sentó pacientemente bajo la flor a esperar que la abeja terminara de comer el polen, cuando inesperadamente llegó el grillo y le dijo:
Grillo: Disculpe señora araña, pero los grillos comemos insectos y usted es uno de mis predilectos, tengo un hambre apremiante ¿podría ser usted mi merienda, sin que por ello se espante?
Araña: Sé que soy su insecto predilecto, pero a usted no le tengo mucho afecto, estoy esperando a la abeja que termine de comer el polen de la flor elegante, tenga usted paciencia y no sea arrogante.
Narrador: El grillo se sentó pacientemente detrás de la araña a esperar, cuando de pronto llegó el sapo dando intrépidos saltos y le dijo:
Sapo: Disculpe don grillo, pero los sapos también comemos insectos y usted es uno de mis predilectos, tengo un hambre apremiante ¿podría ser usted mi merienda, sin que por ello se espante?
Grillo: Sé que soy su insecto predilecto, pero a usted no le tengo mucho afecto, estoy esperando a la araña, quien está esperando a la abeja que termine de comer el polen de la flor elegante, tenga usted paciencia y no sea arrogante.
Narrador: El sapo se sentó pacientemente en la fila detrás del grillo a esperar, cuando de pronto llegó arrastrándose sobre la tierra la serpiente. Ella se detuvo y enroscándose frente al sapo le dijo:
Serpiente: Disculpe don sapo, pero las serpientes comemos carne de sapo y usted es uno de mis predilectos, tengo un hambre apremiante ¿podría ser usted mi merienda, sin que por ello se espante?
Sapo: Sé que soy su carne predilecta, pero le pido que sea correcta, estoy esperando al grillo, quien está esperando a la araña, quien está esperando a la abeja que termine de comer el polen de la flor elegante, tenga usted paciencia y no sea arrogante.
Narrador: La serpiente se enroscó pacientemente en la fila detrás del sapo a esperar, cuando de pronto un cernícalo de corona azul y hermosas alas, se posó frente a ella y le dijo:
Cernícalo: Disculpe doña serpiente, pero los cernícalos comemos carne de serpiente, cruda o crujiente y tengo un hambre apremiante ¿podría ser usted mi merienda, sin que por ello se espante?
Serpiente: Sé que soy su carne predilecta, pero le pido que sea un ave correcta, estoy esperando al sapo, quién está esperando al grillo, quien está esperando a la araña, quien está esperando a la abeja que termine de comer el polen de la flor elegante, tenga usted paciencia y no sea arrogante.
Narrador: El cernícalo se sentó pacientemente en la fila detrás de la serpiente a esperar, cuando de pronto un zorro se detuvo frente a sus ojos y saboreándose le dijo:
Zorro: Disculpe don cernícalo, pero los zorros comemos carne de ave y usted es uno de mis manjares predilectos, tengo un hambre apremiante ¿podría ser usted mi merienda, sin que por ello se espante?
Cernícalo: Sé que mi carne para usted es un gran bocado, pero debe ser un carnívoro educado, estoy esperando a la serpiente, quien está esperando al sapo, quién está esperando al grillo, quien está esperando a la araña, quien está esperando a la abeja que termine de comer el polen de la flor elegante, tenga usted paciencia y no sea arrogante.
Narrador: El zorro se sentó pacientemente en la fila detrás del cernícalo a esperar. De pronto desde lo alto de un árbol saltó a tropezones un viejo y apelmazado puma, y mostrando sus gastados colmillos le dijo:
Puma: Disculpe, los pumas comemos carne de zorro y usted sigue siendo mi plato preferido y tengo un hambre apremiante ¿podría ser usted mi merienda, sin que por ello se espante?
Zorro: Sé que mi carne para usted es un gran bocado, pero le pido que sea un carnívoro educado, estoy esperando al cernícalo, quien está esperando a la serpiente, quien está esperando al sapo, quien está esperando al grillo, quien está esperando a la araña, quien está esperando a la abeja que termine de comer el polen de la flor elegante, tenga usted paciencia y no sea arrogante.
Narrador: El arrugado puma se sentó pacientemente en la fila detrás del zorro a esperar. De pronto vio un cóndor volando en círculos sobre su cabeza y con sus alas abiertas como dos gigantes volantines. Todos sabían que esta gran ave tenía garras de acero y era el animal más temido de los carroñeros.
Apenas la abeja terminó de saciarse con el polen de la flor, la araña abrió sus pequeñas mandíbulas y justo en el momento en que estaba a punto de tragarse las alitas de la abeja, un ensordecedor y escalofriante sonido retumbó en el aire desde la escopeta de un necio cazador. Todos los animales se miraron estupefactos de horror.
El cóndor se alejó del puma volando despavorido hacia la montaña, el puma se alejó del zorro trepando velozmente a un árbol, el zorro se alejó del cernícalo huyendo horrorizado hacia una cueva, el cernícalo se alejó de la serpiente volando raudamente a su nido, la serpiente se alejó del sapo hundiéndose de golpe en la tierra, el sapo se alejó del grillo saltando al instante hasta el estanque, el grillo se alejó de la araña caminando a toda prisa hasta un tronco y la araña aterrada por el estridente sonido del necio cazador, abrió sus pequeñas mandíbulas y soltando a la abeja de su boca, arrancó en un dos por tres a esconderse bajo las piedras.
¡Qué aterradores son los intrusos y necios cazadores!

Al día siguiente entre las hierbas de un bosque y cerca de un estanque, había una flor amarilla y elegante.
Una abeja se posó sobre ella y le dijo:
Abeja: Disculpe flor distinguida y elegante, tengo un hambre apremiante, necesito comer su polen y volver a la colmena con vuelo danzante.
Flor: ¡Adelante!

Narrador:
Algunos comen hierbas.
Otros insectos, carne o una nuez.
Solitarios o en manadas.
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